Pepe Romero: Sobre Fancy Lupe y el teatro queer

¿Se puede hablar de teatro queer en la CDMX? Platicamos con el dramaturgo y performer al respecto

Foto: Raúl Fernández

¿Existe el teatro queer? ¿Se puede hablar de esta escena en la Ciudad de México? Definir una puesta en escena como queer resulta complicado, ya que es un tema poco explorado desde lo teatral. No obstante, hay obras y acontecimientos que retoman parte de su estética y que podrían situarse dentro de esta categoría. Es el caso del trabajo del director, actor y dramaturgo Pepe Romero.

Más allá de una identificación de género o sexual, para Pepe Romero (Durango, 1993), lo queer es una tendencia filosófica, ideológica, política, corporal y de consumo que, como creación escénica, tiene que ver más con el performance que con el teatro entendido en el sentido tradicional.

Fancy Lupe (2014) es el trabajo por el que recientemente ha sido reconocido, como director y escritor, por su estética peculiar en la que explora temas como la represión, el fanatismo y la religión y que fuera protagonizada por Alan Balthazar (q.e.p.d), quien daba vida y justicia a La Virgen de Siquitibum.

Romero identifica la performatividad como uno de sus ejes principales. “Queer es una performatividad de la palabra. Su historia tiene que  ver con que un grupo de personas tomaron este término que significa “extraño”, “raro”, “abyecto” para usarlo de bandera y crear alrededor de él toda una corriente ideológica. No es lo masculino ni lo femenino y ese flujo de género, en sí mismo, lo vuelve a uno performativo”.

El también dj residente de las fiestas Traición considera que son creaciones construidas con diversos elementos: estéticas posdramáticas –contemporáneas a las teorías queer–; rechazo y denuncia a las instituciones; trabajo de producción hecho desde redes de afecto y actoralidad con corporalidades fluidas: “En el teatro dramático estamos acostumbrados a personajes estereotipados y prototípicos, en el queer eso está totalmente difuso: Son cuerpos que fluyen y no juegan un rol representacional sino vivencial. No son personajes, sino la exacerbación de los cuerpos fluidos, que oscilan entre lo masculino y femenino a pesar de su condición biológica.”

Ese flujo actoral que, por ejemplo, es visible en Fancy Lupe presentada en la 38 Muestra Nacional de Teatro, donde se denuncia uno de los hechos más violentos en la historia del teatro: la censura y represión durante el estreno en 1981 de Cúcara y Mácara, de Óscar Liera. Con estética queer, esta obra expresa un estilo propio y muy particular dentro de la carrera de este joven creador.

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