Tinta bruta en el  Festival Mix
Foto: Cortesía Festival Mix

Tinta Bruta: La juventud queer hoy puede expresarse libremente en internet

Entrevista con los directores de la película Tinta Bruta, una película LGBT que se exhibe en salas independientes de la CDMX

Escrito por
Wenceslao Bruciaga
Publicidad

Tinta Bruta, el filme sobre Pedro, un solitario joven gay en una turística e impersonal playa de Brasil, lleva una semana en carteleras nacionales. Con funciones especiales en algunas ciudades de la República Mexicana este fin de semana.

Para descubrir un poco más sobre la inspiración detrás de Pedro, un antisocial duante el día que por las noches se libera homoeróticamente mediante un espectáculo de webcams y pintura fosforescente, hablamos con sus directores, Filipe Matzembacher y Marcio Reolon, así como con su protagonista, el actor Shico Menegat.

¿Cómo surgió la idea de la película?
Filipe Matzembacher: En 2012 hicimos el cortometraje de un personaje llamado Pedro, que era carpintero y hacía shows nocturnos homoeróticos de noche mediante una webcam. También tenía una hermana llamada Luisa. El guion se concentraba más en la sociofobia de Pedro y en la relación con Luis, a punto de irse. Lo que despierta en él una especie de síndrome de abandono. Nos dimos cuenta que disfrutamos mucho de construir ese personaje. Que su personalidad nos permitía desarrollarlo más.

Explorar como la internet puede alterar, para bien o para mal, a una persona como Pedro, en una ciudad como Porto Alegre, que por su condición de playa y puerto, hay muchas oportunidades y punto de interés, pero también, es propicia a las despedidas. Por lo que alguien como Pedro, que sufre de síndrome de abandono, puede verse mucho más afectado. Él siente que una constante en su vida es que todos lo abandonen con la misma indiferencia con quienes dejan la playa para volver a su rutina. Cierto que con el internet, puedes mantener una relación con alguien que conoces de paso en tu ciudad, pero el contacto virtual no es lo mismo que el toque humano.  Ese conjunto de emociones en una era digital es lo nos daba la oportunidad de hacer una película. Explorar más las relaciones humanas en tiempos de redes sociales.

Marcio Reolon: Es curioso cómo hemos aprendido a emocionarnos cuando vemos a una persona que nos importa en modo online. Somos una generación de online personas. Y no sabemos si esto vaya a sustituir la química humana del mundo real. Para abordarlo, necesitábamos hacer una película.

¿Cómo ha cambiado la vida gay la llegada del internet en Brasil?
MR: Definitivamente ha venido a cambiar la forma en como nos conectamos unos a otros. Tano en lo positivo como en lo negativo. En la película cuidamos mucho en no caer en situaciones que quisieran dar un comentario que moralizara la internet.

FM: Sí creo que la juventud queer de hoy tiene muchas más posibilidades de expresar sus sentimientos libremente gracias a la internet. Conectar con gente en distintas partes del mundo que comparten ideas y eso puede generar una red de apoyo. Eso es un aspecto poderoso. Pero al mismo tiempo no tienen el mismo apoyo o libertad con su familia y escuela. Hay dos mundos ahí que no necesariamente son compatibles.

Sin embargo, y viendo su película, también sucede que dentro de lo poderoso que pueda ser internet, también puede ser un catalizador involuntario para llevar una doble vida…
SM: Pedro sin duda lleva una doble vida. En el plano de lo real no tiene el control de nada y todo se le sale de control. Sin embargo, sí tiene la capacidad mental de entender las diferencias de los momentos en su vida. Cuando está haciendo su espectáculo neón por las noches frente a la cámara, y durante el día, que es la realidad tal como es. Sin filtros ni ilusiones. Lo afronta. Desde luego, esta frontera se vuelve cada vez más borrosa cuando conoce a su rival, Leo, y ahí es cuando más se ve obligado a negociar con sus dos realidades que sin querer lo abordan. Pero, hay una ventaja en buscar a su rival fuera de las páginas de internet. Y es que, Pedro se de cuenta que incluso los enemigos, son un punto de contacto social. En esa odisea, Pedro aprende una lección. A ser una persona en la vida real. Y que la realidad, a pesar de toda su crudeza, te brinda muchas posibilidades de contacto humano. Y eso, ninguna gratificación de internet lo puede conseguir.

¿Qué tal difícil es hacer cine queer en Brasil, con un gobierno que no apoya la cultura y extremadamente conservador?
FM: El cine brasileño ha despertando un poco desde el año 2000 a la fecha. Y su producción es cada vez más diversa. Cada vez hay más cineastas. Eso es un hecho. Sin embargo, hoy día tenemos un gobierno que no le importan los temas queer. Que quizás sea algo no tan sorpresivo en los países latinoamericanos. No le importa en absoluto la cultura. Así que lo difícil no es lo queer. Hacer cine ya es complicado. Porque no tenemos el apoyo institucional al que si podíamos acceder digamos hace tres años.

MR: Eso por un lado. Pero sí es cierto que el actual gobierno de Jair Bolsonaro ha destapado muchas fuerzas invisibles alarmantemente conservadoras. Da miedo ver mucha gente homofóbica que antes simplemente estaba callada y que presidentes como Bolsonaro parece infundirles valor. Lo que no sabe la alt rigth y sus seguidores es que las personas queer estamos acostumbradas a resistir y estar en pie de lucha. Sabemos cómo lidiar con la opresión y la represión. Ha sido parte de nuestra cultura.

Recomendado: Ryder Allen protagoniza Palmer, filme que visibiliza la diversidad infantil.

Recomendado
    También te puede gustar
      Publicidad