Dorian celebró 20 años de trayectoria con Futuros Imposibles, un disco íntimo y cargado de reflexiones sobre el duelo, la pérdida y el cierre de ciclos. Lejos de la solemnidad, el álbum apuesta por mirar el dolor desde el agradecimiento. La banda presentó este material por primera vez en el Teatro Metropólitan, en una noche que marcó una nueva etapa para los barceloneses.
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Desde principios de los dosmiles, la relación entre Dorian y México ha sido constante. La Ciudad Subterránea (2009) consolidó ese vínculo con canciones que se volvieron referentes aquí, como “La Tormenta de Arena”, “Verte Amanecer” o “El Temblor”. Desde entonces, han girado por casi todo el país y consideran a México una suerte de segunda casa.
En esta conversación, Marc Gili recordó dos décadas de ruta, aprendizajes y reinvenciones.
Echando el tiempo atrás, ¿cómo percibes la evolución de la banda?
Valoro mucho que empezamos sin recursos, con sellos muy pequeños, y aun así fuimos creciendo, cambiando, encontrando un sonido propio. Nada fue rápido. Lo construimos a base de giras, canciones y experiencias. Lo importante es que siempre fuimos contracorriente. No nos definió la industria; nos definió lo que queríamos contar.
Los sintetizadores marcaron su identidad cuando llegaron a México
Nos tocó reivindicarnos con ese sonido. Mezclábamos new wave, post punk y electrónica de baile cuando la escena no estaba preparada. El camino se abrió de verdad con La Ciudad Subterránea y canciones como “La Tormenta de Arena”. Ese fue el primer disco que publicamos en México.
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México aparece seguido en sus letras
Desde los primeros conciertos sentimos una conexión fuerte. Abrimos a Zoé y Café Tacvba; la responsabilidad era enorme. Para mí, La Ciudad Subterránea siempre será México. La escena mexicana nos adoptó. Hemos tocado en casi todo el país y conocemos bien su complejidad y su belleza. Es como una segunda patria.
¿Cómo describes Futuros Imposibles?
Como un manual para enfrentar duelos de forma constructiva. Puedes hacerlo desde la pena o desde el rencor, pero también desde la aceptación. Hablamos de dolor, ruptura, fallecimiento… pero desde el agradecimiento.
Veinte años, un disco nuevo y un Metropólitan lleno. ¿Un renacer?
Sin duda. Es un paso hacia la madurez como compositores. Nunca imaginé tocar en el Metropólitan, pero lo enfrentamos con ilusión. Fue una noche muy especial, con más de dos horas de música, visuales nuevos y la emoción de volver a casa.
