Esta cantina rinde homenaje a la coctelería y gastronomía de todos los países del Caribe. El espacio es abierto, con mucha madera, lámparas de mimbre y rodeado por completo de palmas tropicales. Aquí sí puedes entrar en huaraches, ya que solo falta la humedad y el mar turquesa para sentirte en la playa.
Obviamente, el ron cubano tenía que hacer una gran presencia en la carta y lo encuentras en clásicos como mojito, daiquirí, presidente y en creaciones de la casa como el Carretillero (con Ron Havana Club, Carpano dry, verjus rojo, agua de azahar y almíbar de miel). El emoji de fueguito hecho coctel.
El chef colombiano Sebastián Pinzón es quien estructuró un menú de alimentos que reúne sabores típicos desde Yucatán hasta Colombia, pero que también da lugar a las influencias que conforman la identidad de islas como Jamaica o Martinica. Aquí todo se sirve al centro para picotear y compartir. Las mezclas tropicales y agridulces comienzan a envolverte desde las entradas: el ceviche con leche de coco, ají dulce, aguacate tatemado y jícama y cebolla encurtidas es un buen primer acercamiento a su sazón.
Las raíces árabes que permean el Caribe la encuentras, por ejemplo, en el Kibbeh Nayyeh, una entrada de carne cruda de res con trigo sazonada con especias, cebolla, rábanos encurtidos, hierbabuena y almendras tostadas, la cual empareja perfectamente a un sedoso hummus. El chef cuenta que, directo de las calles de Trinidad y Tobago, quiso recrear el doubles, que es un curry de garbanzo sobre un flat bread crujiente. Algo que seguro no habías probado en otro lado.









