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Ruta fresindie (Roma)

Los lugares con más onda de la colonia.

Si quieres salir pero ya te hartaste de que todos los lugares estén en Polanco o Bosques, puedes empezar compartiendo algunas entradas en el Düke, donde platillos como los tacos de cebiche son ideales para pedir al centro mientras precopeas. De ahí pasa al Chapelle a echarte un mezcal a la Obregón. Para finalizar termina la noche en el Walther, pero ven con mucha paciencia porque la cadena se pone pesada. Al salir, no olvides aprovechar que a lado está El Faraón para unos tacos madrugadores.

Duke

¿Qué piensas de la colonia Roma? ¿Invasión hipster? Correcto. Pero hay sus razones: estos sujetos –que odian ser llamados así, hipsters– suelen tener gustos refinados, se desenvuelven en atmósferas que son al mismo tiempo sofisticadas y “auténticas”, nunca los verás en un restaurante de franquicia, por ejemplo. Por eso un restaurante como el Düke solamente podría florecer en ese barrio. En un espacio amplio, decorado con gusto ecléctico, que va de lo minimalista a lo kitsch, y propicio para llevar un date, se ofrece un menú de comida fusión-alternativa (por darle un nombre adecuado a eso que sirven). Lo recomendable es empezar con un buen coctel. Son visualmente atractivos, como una selva tropical y utilizan ingredientes como pétalos de flores. De entrada tienen platillos exóticos, como las gyosas de cochinita pibil, una fusión atípica, pero que combina la comida japonesa y mexicana a la perfección. Aunque muchas personas evitan el cerdo, el chancho al chimichurri merece hacer excepciones: la carne es light, jugosa, con ése sazón de la parrilla argentina y se complementa de manera interesante con un puré de camote. Pese a no ser un lugar barato, se disfruta sin remordimientos.

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Roma

Walther

Recomendado

Nueva York en plena Roma (en ese antro que está junto al Faraón) Comparada con la estadounidense, la escena nocturna de la Ciudad de México fue por mucho tiempo, y lo es de alguna forma todavía, parecida a la de ciudades como Los Ángeles o Las Vegas. Clubes grandes, decoración fastuosa, música pop estridente, servicios con botellas al por mayor y una concurrencia por demás glamourosa. En cambio, la vida nocturna de ciudades como Nueva York o Chicago, con clubes pequeños, sobrios y musicalmente innovadores, fue ignorada como modelo en nuestra capital. Hoy en día el panorama es diferente. Desde hace algunos años los antros de este tipo han adquirido cierta relevancia y la moda nos lleva en otra dirección. Es aquí donde aparece el Walther, un lugar que, en palabras de su propio staff, busca emular la escena neoyorquina; propósito que cumple de manera más que acertada sin dejar de ser chic. En tan sólo un mes se ha hecho de buena fama, lo que hace que la entrada al lugar sea realmente un suplicio y que en cierto punto adentro no se pueda caminar. Pero dejando estos aspectos de lado, Walther traslada a sus clientes a un club fuera de este país. La antigua casona de la colonia Roma, con sus diferentes niveles y su patio abierto, recuerda a los pequeños clubes de viejos ladrillos en la costa Este norteamericana. El electro que aquí suena es una grata alternativa a lo que generalmente se escucha en el DF y sus bartenders se preocupan por ofrecer algo más que una simple cuba, como el acidito shot Walther, obligado para empezar la noche. Si bien la concurrencia es bastante fresa, el ambiente es más bien fresco, no hay poses ni presunciones exageradas. Un problema con el que se tiene que lidiar en casi todos lados en México y del cual Walther no está exento, son los males necesarios llamados cadeneros. Esto obliga a llegar temprano, tener paciencia y aguantar gritos, empujones y hasta posibles pickpockets, pero ya adentro el ambiente y la música ayudan a olvidar a los dioses de la cadena. Walther pinta para posicionarse como favorito por un buen rato y esperemos que no sólo emule a sus contrapartes americanos, sino que tome la batuta y lidere la escena en la capital, proponiendo cosas diferentes sin perder el estilo.

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Roma

Tara Roma

No es que me haya hecho muchas expectativas. Después de todo, además de noches espectaculares, el sitio web de Tara prometía ambigüedad total. Se describe a sí mismo como un lugar con “una decoración exclusiva y con un estilo propio, al igual que una terraza única dentro de su género en la Ciudad de México”. Con mucha curiosidad, decidí averiguar qué misterios encerraba esa poco reveladora frase y me encontré con un lugar que, en efecto, es difícil de describir. Candelabros, sillones Luis XV, árboles, paredes con distintas texturas (que van del ladrillo a los tapices rococó)… en fin, Tara es de lo que hablamos cuando hablamos de eclecticismo decorativo. Durante las noches, un asunto recurrente es el dress code godín-glam, ese que sólo se ve en los antros de San Ángel, a los que —por cierto— Tara se asemeja mucho. Hay que echarle ganitas a la producción para que el cadenero te deje pasar fácil y rápidamente. En cuanto a música, la onda es electro y está a cargo tanto de sus djs residentes como de algunos invitados, tales como Pato Watson y Miguel Guillén. Hay que consultar la página para saber qué tienen preparado para la noche. En cuanto a la coctelería, que es una cuestión importante, lo mejor es que no esperes nada. Pide algo clásico (una cuba, un charro negro o algo simple) porque de otro modo te decepcionarás bastante. Para prueba, el glamorous, uno de los “sellos de la casa”. En teoría suena bien mezclar puré de fresa y frambuesa con Perrier-Jouët; en ejecución, resul

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Roma
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