Bozal

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Bozal (Foto: Cortesía de la producción)
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Al subir al tercer nivel, hemos llegado al espacio. Somos varias las personas que estamos en el punto más alto. Un poco más abajo, en el nivel anterior, hay otros individuos que, al igual que nosotros, están sentados en sillas –algunos de pie–  y sujetos por sendos cinturones y arneses que impedirán que al estar a 20 metros de distancia de la tierra firme nos venza el vértigo o el susto, ya que aunque flotamos en el universo, estamos también sobre el escenario de un teatro y somos parte de la nueva, arrojada y arriesgada obra de Richard Viqueira.

La puesta en escena habla sobre la confrontación que en plena nave espacial sostienen dos hombres, el Comandante y el Piloto, quienes serán interpretados por Omar Adair y David Blanco, dos jóvenes actores que a sus cualidades histriónicas deben sumar las aptitudes y capacidades dignas de dos miembros de una tripulación espacial, por lo cual recibieron un riguroso entrenamiento cercano al militar. Ambos estarán suspendidos en el aire, también sujetos y asegurados, mientras suben y bajan a la vista del público, que por momentos se elevará junto con ellos, o bien observará su conflicto desde arriba o desde abajo, según lo decidan los técnicos que, por instrucciones del dramaturgo y director, manualmente controlan el mecanismo.

Reconocido por la escritura y montaje de obras cuya forma diseccionan los límites y trasgresiones del ser humano hasta llevarlos a una poética de la violencia, Viqueira da un nuevo salto hacia lo más hondo de la confrontación entre teatro y público. Nuevamente, el creador de El evangelio según Clark Kent, Careo y Desvenar vuelve a poner al espectador a su merced y, en esta ocasión, más que sacudirlo, lo hace volar. Para ello, más de un año de planeación y pruebas preceden a esta propuesta que, dentro de la historia de nuestro teatro, rebasa el concepto de arrojo y riesgo inmunes a todo proyecto escénico.

Con esta obra, que tendrá un filtro de seguridad para que se viva sin imprevistos ni incidentes, se cumplirá uno de los sueños más comunes de más de un individuo: llegar al espacio o, simplemente, volar. Sobre el escenario de un teatro, esto será posible. Porque para eso es el teatro.

Por Enrique Saavedra

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