Urinetown, el musical de Broadway

Teatro, Musicales
 (Foto: Cortesía de la producción)
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El 2017 la comedia musical de Broadway Urinetown llegó al Teatro Hidalgo para provocar la escena musical de la CDMX con una propuesta que dista de las grandes producciones pero con la misma fuerza, impulso y manufactura, misma que es rescatada este 2018 en su segunda temporada en el Teatro Milán.

La música y letras originales de Mark Hollmann y Greg Kotis —este último también autor del libreto— le dieron al musical dos Tony Awards tras su estreno en Broadway en 2001, mientras que en México, bajo la dirección de Miguel Septién, ha sido reconocido por la Asociación de Críticos y Periodistas de Teatro como una de las mejores obras del 2017. Sin embargo, no se trata de un proyecto a los que estamos acostumbrados traído por las principales productoras del país, sino de un trabajo de la compañía teatral de Querétaro ÍCARO (2011), enfocada en producir obras demandantes que eleven la dramaturgia en el bajío y que gracias a Urinetown y al buen ojo del productor Juan Torres llegó por primera vez a la CDMX.

Este anti-musical se desarrolla en un pueblo que podría ser cualquiera. La escasez de agua ha llevado a una compañía a monopolizar el uso de sanitarios. Todo es opresión y miseria hasta que un peculiar grupo de rebeldes enfrenta al sistema para replantear el uso libre de los recursos naturales. ¿Lo lograrán?

Nos enfrentamos a una escenografía y ambientación simple que se siente como el más complejo de los escenarios gracias al logro de la coreografía de Arantza Muñoz Montemayor; inteligente y fuerte que amalgama y luce a los más de 15 actores en escena. La ejecución del elenco envuelve al espectador en una sátira voraz inesperada que se complementa con la dirección vocal de Blake Pfeil, la cual reviste de fuerza y calidad a cada uno de los números.Todo bajo la dirección musical de Dano Coutiño. 

De esta manera descubrimos a Eduardo Siqueiros interpretar a un oficial y también narrador que apega su registro actoral a personajes como Emcee de Cabaret; a la actuación prometedora y voz sólida de Irlanda Jiménez, que representa a la ingenua y soñadora Hope Cladwell (hija del antagonista de la obra); y a Liliana Rojas, quien da vida a la conciencia y espíritu de la historia, si esto es posible, en una entrañable interpretación de La pequeña Sally.

Miguel Septién se apegó a un texto de héroes, antihéroes, bufones y hasta princesas —a veces enternecedor, a veces hilarante— para guiar al espectador a través de una puesta dinámica en la que todo puede suceder y cuyos elementos se integran en un musical que se siente honesto, no cojea y deja claro que un teatro de calidad puede suceder en cualquier parte del país.

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Por Alberto Cervantes

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