Descubre las loncherías, las mejores tortas ahogadas y chiles en nogada en la Ciudad de México.

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Comida mexicana en la CDMX
Pelota Mestiza es el nuevo restaurante en el Frontón México creado a partir del musical La Malinche. Con un concepto que explora los rituales ancestrales y los convierte en platillos exquisitos, su menú fusiona ingredientes mexicanos con técnicas clásicas, en un ambiente cuidado y contemporáneo. Todo a un costado del Monumento a la Revolución, cuya espectacular vista permite palpar la historia desde todos los ángulos.
A cargo de este concepto está la chef Lula Martín del Campo (Marea, Cascabel, Altanera y La Barra de al Lado). Quienes la conocen sabrán de qué va su visión de la gastronomía, básicamente es una reinterpretación de la cocina tradicional con un toque contemporáneo, sin dejar de lado ingredientes cuidadosamente seleccionados con atención a toda la cadena de producción y a la calidad.
Nuestra experiencia estuvo llena de grandes momentos, de entrada nos sirvieron esquites ancestrales, con maíz blanco, azul y rojo, con epazote, acompañado de mayonesa de chipotle, queso panela, chile de árbol y un toque de limón.
Para hacer un guiño al mestizaje, nos sirvieron dos tacos, uno de coliflor rebozada en recado negro, acompañado de un guacamole un pelín picante y cebolla morada encurtida, una propuestra increíble; mientras el segundo fue de gambas al ajillo, con frijoles refritos, y laminitas de chile de arbol.
Seguimos con el recorrido con un plato que la chef relaciona a la Conquista: cerdo en cocción lenta para taquear, con chile guajillo, servido en pequeños...
Tacos Félix es esa taquería que respira tradición, pero que cocina con estándares de alto nivel: maíz criollo de verdad, carne de muy alta calidad y procesos que respetan cada ingrediente. Se trata de tacos exquisitos, con la calidad como regla y no como excepción.
Desde el primer bocado queda claro: la carne es la protagonista absoluta, se siente en cada mordida jugosa, en cada textura suave que no necesita más que limón y salsa para brillar.
Si vas por primera vez, prepárate: hay imperdibles que definen lo que es Tacos Félix.
El taco de trompo de picaña wagyu carboniada es la joya de la corona, es puro ingenio taquero: un trompo de wagyu cross que logra deliciosas lajas de carne con ese sabor que nomás Tacos Felix sabe darle para lograr suavidad, explosión de sabor y un corte tierno que se deshace al morder.
El taco de costilla high choice al suadero. Este es una verdadera oda al taco, short rib de 4 huesos cocinada al estilo suadero, con grasa sabrosa y todo el flow de la plancha.
Y qué tal un taquito de asada de arrachera con o sin costra, imagínate el sabor de una arrachera norteña jugosa, al carbón y sellada a la plancha, o envuelta en costra de queso con salsa de cilantro.
Si vas con amigos, el 1/4 kilo de brisket ahumado por 12 horas es la elección ganadora. Carne jugosa, tierna, llena de aroma, servida con su montaña de mochomo de papas y tortillas comaliadas para que cada quien arme su taco perfecto.
Y para cerrar con broche dulce, te recomendamos el Triffle de...
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Al recorrer el Barrio Bravo, nos dimos paso a un puesto que está escondido y es bastante reducido; y por lo mismo, te da la sensación de que llegaste al lugar indicado. Es Pozolería La Güera, importante mencionar que existe un gusto compartido en Tepito en usar güero y güera como nombre de los puestos.
Este local está custodiado por siete hermanos, todos hombres, cuya diferencia de edades varía mucho entre cada uno. En el número está la clave para entender el éxito de los güeros; cada día de la semana el sabor cambia porque entre los siete se turnan la cocina. Hicimos nuestra visita en miércoles y podemos decir que es uno de los mejores pozoles de la CDMX, tendremos que ir otros días de la semana a comprobarlo.
El plato de pozole grande es más bien enorme. Hecho del día con con maíz pozolero y todas las carnes necesarias, como cabeza. Te recomendamos pedirlo surtido, entonces puedes ponerle orégano, cebolla y unas gotas de limón.
Tip: las tostadas de crema son una exquisita grosería, tienes que pedirlas aparte.
Muchos le atribuyen el mejor pozole de la CDMX a este lugar que, además de su comida, tiene la peculiaridad de ser la primera sucursal de la cadena. Tomando en cuenta que empezó en 1986, y que ahora existen 54 sedes suyas espolvoreadas por toda la capital y la zona metropolitana, se entiende el por qué de la importancia de la ubicada en Clavería, donde todo comenzó detrás de un zaguán donde se vendían garnachas.
A pesar de ser el más antiguo, en éste local las cosas funcionan bastante similar a los otros 53: las órdenes se piden mediante hojas de control donde se seleccionan los alimentos y bebidas, el servicio es rapidísimo y, claro, siempre está lleno de gente. El hecho de ser la matriz es algo que se adivina de una forma más simbólica.
No rebatiremos que su pozole rojo es de las opciones estelares, pero tampoco queremos dejar atrás a sus quesadillas de flor de calabaza con queso, o con hongos, el sope de cochinita, la tostada de pata y de tinga, las flautas de pollo, los chilaquiles verdes y, en apartado especial, sus salsas picantes. Son cuatro y cada una le da un toque distinto a la comida. La verde cremosa y la roja de chile de árbol, son las mejores.
Recomendamos ampliamente el Tomatoño, las aguas de tamarindo y jamaica, y sus manteconchas.
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Doña Carmelita tiene mas de 10 años en la esquina de Dr. Lavista y Rafael Lucio preparando los tacos de bistec más jugosos de la zona. Se comen con papas que doña Carmelita guisa para darles más sabor, también ponle un poco de nopales y salsa sin escatimar. Otra de sus especialidades son las quesadillas fritas.
Visitar los Tacos Carmelita es obligatorio en un día de luchas en la Arena México, aunque el pretexto sobra cuando ves el tamaño de lo que prepara, un verdadero aniquilador del hambre por sólo 15 pesos. Además de antojitos, también encontrarás una plática amena con la propietaria del puesto.
La Guadalupana, veladoras para el marido cumplidor y manteles floreados, no puede haber algo más kitsch que eso. Te tomará lo largo de tu hora de comida para terminar de absorber todos los elementos visuales de la nueva sucursal de Chilakillers en Santa María la Ribera; ahora recargada con murales de artistas locales en paredes y techo, y con un comedor tres veces más amplio. Se acabaron las filas interminables de los fines de semana en los que harías cualquier cosa por uno de esos chilaquiles. Lánzate a la Santa María, a unas cuadras del Metrobús Buenavista, aquí seguro encuentras lugar de volada.
El menú sigue en plan sencillo y poderoso en el que eliges el ingrediente principal y salsa para los chilaquiles. Me convencieron los de chorizo y los pedí en orden completa, así que pude combinar dos salsas: verde y aguacate. Imponentes ellos, si no supiera que los totopos son voluminosos, hubiera apostado a que se trataba de un plato de más de un kilo. Con nopalitos y cebolla, frijolitos refritos y bastante queso y crema, la neta es que estos chilaquiles sí desquitan los $110. Por lo mismo del gentío, ya tenía un par de años que no los comía, y por si no los conoces, también puedes elegir entre arrachera, huevo, pollo, bistec o cecina, o vegetarianos con nopales, espinacas, champiñones y flor de calabaza en salsas de mole, roja, frijol y superpicosa.
Arma tu paquete de desayuno con café, pan dulce, jugo y fruta, o tus chilaquiles al gusto en torta. En cuanto a los otros...
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Ser un restaurante de abolengo es cosa seria. Se trata de sobrevivir no sólo años, sino décadas y seguir siendo convincente. La verdad yo estaba reticente a visitar Los Almendros. Me recordaba a las comidas familiares llenas de tíos de mi infancia. Así que acudí a la defensiva.
“¿De entrada unos taquitos de cochinita pibil, qué le parecen?”, me dijo el mesero. Accedí. Los trajeron. Los probé. Si es posible hablar de equilibrio en el pibil, aquí era el caso: ni muy seco, ni escurriendo, ni muy ácido, ni muy insípido. La precisión del pibil comenzó por convencerme.Luego siguió la sopa de lima. Un potaje al que soy especialmente adicto, y por lo tanto, me considero capaz de discernir entre la imitación y la verdadera. Aquí estábamos hablando en serio y nuevamente el equilibrio en el sabor: no predominaba el cítrico, pero tampoco el consomé. De plato fuerte el mesero (de guayabera rigurosa, faltaba más) recomendó el pollo Los Almendros, incluso por encima del Poc-chuc del que el restaurante se vanagloria de haberlo creado en 1962.
Temo que no se equivocó: una suerte de pipián almendrado de resonancias sutiles que combinaba a la perfección con la pierna y el muslo. Acompañado, por supuesto, de tortillas hechas a mano. A estas alturas ya había yo recibido una lección sobre el abolengo: esa capacidad de ser clásico aún a pesar de las modas gastronómicas. Como sea, la perfección no existe: en el café fallaron, era un expreso demasiado ácido para mi paladar. En fin, una tacita no...
Pareciera que han estado entre nosotros durante siglos, pero la historia de los huaraches está muy bien documentada y no han cumplido ni los cien años.
Resulta que son invención de la señora Carmen Gómez Medina, quien tomó un tlacoyo y lo llevó al límite, agrandándolo de tamaño y friéndolo en aceite o manteca. Como Pokémon, el tlacoyo evolucionado recibió el nombre de lo que más se le parecía: un huarache. Esto ocurrió cerca del mercado de Jamaica, donde sus hijos siguen sirviendo huaraches en decenas de variedades, y donde también hay más oferta de huaraches para que puedas escoger sin miedo.
La casa del huarache primigenio no se queda atrás en las propuestas de huaraches. Desde 1935 en la calle de Torno, donde todavía quedan talleres con torno, este local sirve huaraches originales rellenos de frijoles espectaculares, como si fueran maneados.
Hay muchas opciones y para ir a la segura es algún huarache que lleve queso Oaxaca, que llega derretido y para comerlo hay que estirarlo y estirarlo. El huarache campestre, lleva champiñones y de las dos salsas que te ofrecen, no decepciona para nada.
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Dicen que todos los cambios son para mejorar y Elena 147 es la prueba de ello. Monserrat Téllez y Rubén Zárate son una pareja de chefs que abrieron su propio proyecto Elena 147 en 2022. Su propuesta era completamente dulce: pastelitos, postres, galletas y café. La vida les sonrió y crecieron como pan caliente. A finales de 2024 se aventuraron a abrir Casa Elena, un restaurante con desayunos y comidas, justo al lado del ya famoso Elena 147.
Aunque ambos lugares comparten diseño, Casa Elena tiene una magia especial. Toques de madera y tonos salmón son parte de la belleza, logran una armonía y te ves envuelto en su calidez. Fui a la hora de la comida y el primer acierto fue probar el agua de horchata de pinole, es deliciosa, cremosa con un saborcito a maíz, pero debo decir que puede ser demasiado dulce para algunos.
Comencé con una sopa de quesillo y rosita de cacao ($180), el sabor del queso se encuentra en cada cucharada, se acompaña de molotitos de plátano que podrían fácilmente ser los protagonistas de la sopa. También probé las flores de calabaza capeadas ($200) rellenas de requesón y una especie de picadillo fino de hongos (duxelle). Se sirven con mole artesanal y espuma de hongos. Aquí me enamoraron. Pero, entre plática y plática, el platillo enfrió y perdió parte de su encanto. Vale mucho la pena, pero sí debes comerlo al momento.
Para el siguiente tiempo pedí la recomendación del chef: poro y salvia ($190). El tema es que el poro es un ingrediente complicado por...
Su lema es que son “El restaurante más bonito de México”. Desde su apertura en 1964 su calidad gastronómica ha fluctuado en fuertes altibajos. En algún punto se convirtió en un restaurante exclusivo para extranjeros, comidas de negocios y gente mayor, para muchos quedó en el recuerdo como el lugar donde alguna vez comieron con la familia, es un lugar que hoy sigue inspirando nostalgia. Su presencia junto al Lago Mayor del Bosque de Chapultepec ha perdurado por más de 50 años; o dicho de otra manera, es un ícono de la historia restaurantera de la Ciudad de México.
El nombre Félix Candela te sonará más familiar si lo relacionas con el edificio de la Bolsa Mexicana de Valores; el Mercado de Coyoacán; así como las estaciones del Metro San Lázaro, Candelaria y Merced; todas construidas por el mismo arquitecto que le dio forma a El Lago, con su diseño característico de paraboloide hiperbólico. Esto resultó en un estético restaurante con una de las mejores vistas panorámicas a un costado del lago, posteriormente retocado por Sordo Magdaleno, arquitecto de los hoteles Presidente Intercontinental y Sheraton María Isabel.
En El Lago no encontrarás propuestas sofisticadas de gastronomía, sino comida mexicana. Hoy, por qué no, se enfoca en la cocina mexicana contemporánea, esa que involucra ingredientes de cualquier parte de México y presentaciones llevadas a la región más colorida y vistosa para el ojo.
Aún se mantiene ideal entre los restaurantes para turistas porque el...
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