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Miradores, el DF desde las alturas

Del Tepeyac a la Nápoles, la ciudad es más bonita cuando miras hacía abajo. Descúbrelo visitando estos lugares

Del Tepeyac a la Nápoles, la ciudad es más bonita cuando miras hacía abajo. Descúbrelo visitando estos lugares

Cerro del Tepeyac

Cerro del Tepeyac

Tal vez Juan Diego no iba al catecismo cuando se le apareció la virgen. Tal vez sólo disfrutaba de esta maravillosa vista. Basta tomarse unos minutos desde el atrio de la Capilla del Cerrito para creer en esta versión. Subir por los senderos del Tepeyac –además de brindar un espectáculo con sus bien arreglados jardines– despliega una de las mejores vistas de la zona sur de la ciudad. Lo ideal es ir un día alejado de las fechas en que llegan grandes peregrinaciones, con tal de disfrutar el paisaje que inicia en el domo de cobre verduzco de la iglesia construida por Pedro Ramírez Vázquez y se prolonga más allá del Viaducto. Explorar esa parte del cerro es obligado para entender el mito de la Guadalupana. De acuerdo con la leyenda, en estas inmediaciones fueron cortadas las flores del famoso milagro del ayate. Además, junto a la capilla está el Panteón del Tepeyac, que tiene, entre otros residentes, a Antonio López de Santa Anna. No es el tipo de mirador para ir a echar romance, pero tampoco es obligatorio ir a rezar, aunque la sensación de mirar esa portentosa ciudad rodeado de arcángeles de piedra invita a la fe, o cuando menos a la reflexión. Lo mejor es que es gratis.

Café de la Gran Ciudad

Recomendado

Hay que admitirlo, el octavo piso de un Sears no suena como el mejor de los miradores. Sin embargo, la cosa cambia si consideramos que el panorama de la estrecha terraza donde está este café se centra justamente en el Palacio de Bellas Artes y en una buena parte de la Alameda Central. Si seguimos una metáfora teatral, este sitio es el palco desde donde se contempla el otro espectáculo de Bellas Artes, en el que visitantes y paseantes son los protagonistas. La entrada está limitada a sus clientes, pero una bebida no está de más para entretener al paladar mientras los ojos sorben la parte más bella del Centro.

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Centro Histórico
Mirador Picacho-Ajusco

Mirador Picacho-Ajusco

Si la vista desde miradores céntricos nos deleita, la que se tiene desde las orillas de la ciudad nos confronta y hasta nos consterna. Es el caso de esta carretera panorámica en el extremo sur. En este sitio no destaca la perspectiva de un edificio o un monumento, sino la monstruosidad de una ciudad enclavada bajo una densa nata de esmog. Por las noches, lo que parece un inmenso tapete de luciérnagas a los pies del Ajusco es abrumador… y sí, también algo romántico. Desafortunadamente, las condiciones esta colonia, la Rincón del Mirador, en Tlalpan, no le hacen justicia a su nombre. Por su altura y ubicación, tiene una vista exquisita, pero no es exactamente el lugar de las películas donde los adolescentes van a besuquearse. Este punto es una especie de atractivo inesperado para quienes suben la montaña los fines de semana a comer quesadillas, andar en bici y jugar gotcha. Si consigues detenerte en algún punto despejado (regularmente las construcciones en los costados de la carretera tapan la vista) durante la mañana, podrás regalarle un par de suspiros en honor de la ciudad.

Bellini

Entre las distintas categorías de miradores existe la del restaurante lujoso en las alturas. En el DF tenemos el Bellini, que ocupa el piso 45 del World Trade Center y se jacta de ser el restaurante giratorio más grande del mundo. Sus visitantes pueden apreciar la panorámica absoluta de la ciudad en una hora y 45 minutos sin necesidad de desplazarse ni un centímetro. Evidentemente, este tipo de mirador cuesta y exige cierta formalidad. Léase: prohibido jugar a Jack y Rose en la proa del Titanic. Por otra parte es un escenario con mucho encanto para lo que a menudo se entiende como una cena romántica. El menú y el servicio son, sin duda, especiales. Un bogavante a la mantequilla no puede más que imponer solemnidad, aunque el ambiente se relaja en el brunch de los domingos, con pinta más familiar.
Por la ubicación del edificio, hacia el norte destaca el corredor Reforma, mientras que en el poniente, el sol se oculta tras las siluetas del edificio del pantalón y otras construcciones de Santa Fe. También permite ver al sur, esa llanura de plantas bajas que apenas empieza a despuntar en vertical.

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Nápoles

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