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Los mejores miradores de la CDMX

Del Tepeyac a la Nápoles, la ciudad es más bonita cuando miras hacía abajo. Descúbrelo visitando estos lugares

Aprecia la belleza de la CDMX desde las alturas, te recomendamos los mejores miradores para ver los edificios y parques que hay en la capital. De sur a norte, te recomendamos los lugares más elevados para apreciar la vista.

Si te lanzas al Cerro de la Estrella aprovecha para recorrer nuestra guía de Iztapalapa, también puede interesarte nuestras recomendaciones del Centro

Cerro del Tepeyac
Foto: Elmer Gavito
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Cerro del Tepeyac

Tal vez Juan Diego no iba al catecismo cuando se le apareció la virgen. Tal vez sólo disfrutaba de esta maravillosa vista. Basta tomarse unos minutos desde el atrio de la Capilla del Cerrito para creer en esta versión. Subir por los senderos del Tepeyac –además de brindar un espectáculo con sus bien arreglados jardines– despliega una de las mejores vistas de la zona sur de la ciudad. Lo ideal es ir un día alejado de las fechas en que llegan grandes peregrinaciones, con tal de disfrutar el paisaje que inicia en el domo de cobre verduzco de la iglesia construida por Pedro Ramírez Vázquez y se prolonga más allá del Viaducto. Explorar esa parte del cerro es obligado para entender el mito de la Guadalupana. De acuerdo con la leyenda, en estas inmediaciones fueron cortadas las flores del famoso milagro del ayate. Además, junto a la capilla está el Panteón del Tepeyac, que tiene, entre otros residentes, a Antonio López de Santa Anna. No es el tipo de mirador para ir a echar romance, pero tampoco es obligatorio ir a rezar, aunque la sensación de mirar esa portentosa ciudad rodeado de arcángeles de piedra invita a la fe, o cuando menos a la reflexión. Lo mejor es que es gratis.

Cerro de la Estrella
Foto: Loops Sandoval
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Cerro de la Estrella

El Cerro de la Estrella es literalmente el corazón de Iztapalapa, y no sólo por su ubicación, sino por la importancia que tiene esta reserva natural para la Ciudad de México. Tiene una altura de 224 metros, lo que permite ver toda la ciudad. El cerro cuenta con una importancia historica relevante ya que durante el México Prehispánico era el lugar en el que se celebraba la ceremonia del Fuego Nuevo, un ritual mexica con el que se buscaba un equilibrio. Actualmente, en la cima, se pueden visitar los restos del altar en el que se llevaba a cabo el ritual. Cuenta con espacios verdes, que se han convertido en los favoritos de los corredores por su inclinación y vista. Además cuentan con juegos para niños, zona de ejercicios y miradores con bancas en los cuales puedes pasar horas admirando la ciudad.

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Zona Metropolitana
Torre Latinoamericana
Foto: Iván Macías
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Torre Latinoamericana

3 de 5 estrellas

Aquí estaba el zoológico de Moctezuma. Luego fue convento y más tarde edificio de oficinas. Mucho podemos decir de este rascacielos y sus pilotes que lo hacen inmune a sismos, pero dejaremos que hable por sí mismo: basta subir a su mirador, pues el costo incluye la entrada a su museo, donde, además de la historia e imágenes de su edificación, existe un interesante registro de otros inmuebles emblemáticos de la zona –de Bellas Artes al Monumento a la Revolución– y un apartado sobre el sismo de 1985 (con todo y grabación de Jacobo Zabludovsky).

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Cuauhtémoc
Mirador Picacho-Ajusco
Foto: Time Out México
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Mirador Picacho-Ajusco

Si la vista desde miradores céntricos nos deleita, la que se tiene desde las orillas de la ciudad nos confronta y hasta nos consterna. Es el caso de esta carretera panorámica en el extremo sur. En este sitio no destaca la perspectiva de un edificio o un monumento, sino la monstruosidad de una ciudad enclavada bajo una densa nata de esmog. Por las noches, lo que parece un inmenso tapete de luciérnagas a los pies del Ajusco es abrumador… y sí, también algo romántico. Desafortunadamente, las condiciones esta colonia, la Rincón del Mirador, en Tlalpan, no le hacen justicia a su nombre. Por su altura y ubicación, tiene una vista exquisita, pero no es exactamente el lugar de las películas donde los adolescentes van a besuquearse. Este punto es una especie de atractivo inesperado para quienes suben la montaña los fines de semana a comer quesadillas, andar en bici y jugar gotcha. Si consigues detenerte en algún punto despejado (regularmente las construcciones en los costados de la carretera tapan la vista) durante la mañana, podrás regalarle un par de suspiros en honor de la ciudad.

Monumento a la Revolución Mexicana
Foto: Iván Macías
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Monumento a la Revolución Mexicana

4 de 5 estrellas
Recomendado

La vista del Centro de la ciudad desde lo más elevado de este monumento es simplemente magnifica. Si te toca visitarlo un día despejado y sin smog no pierdas la oportunidad de subir por el elevador de cristal para ver los edificios de Reforma y Juárez.

En la parte superior, a 65 metros de altura, está la linternilla, desde aquí puedes ver el amanecer en la actividad llamada Amaneceres monumentales que sucede los últimos fines de semana de cada mes. 

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Tabacalera
Catedral Metropolitana
Foto: Iván Macías
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Catedral Metropolitana

5 de 5 estrellas
Recomendado

La Catedral Metropolitana guarda desde hace más de 200 años una gran cantidad de historias, algunas fantasiosas y otras reales, pero ocupa un lugar en libros de historia y en la memoria colectiva de los habitantes de la ciudad. Además de la bella arquitectura, puedes subir a lo más elevado del edificio: el Campanario, para tener una gran vista del Zócalo y las calles del primer cuadro del Centro Histórico. Sólo debes pagar $20 para tener una visita guiada, hay de lunes a domingo en diferentes horarios que puedes revisar en su página oficial.

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Cuauhtémoc
Bellini
7/7

Bellini

3 de 5 estrellas

Entre las distintas categorías de miradores existe la del restaurante lujoso en las alturas. En el DF tenemos el Bellini, que ocupa el piso 45 del World Trade Center y se jacta de ser el restaurante giratorio más grande del mundo. Sus visitantes pueden apreciar la panorámica absoluta de la ciudad en una hora y 45 minutos sin necesidad de desplazarse ni un centímetro. Evidentemente, este tipo de mirador cuesta y exige cierta formalidad. Léase: prohibido jugar a Jack y Rose en la proa del Titanic. Por otra parte es un escenario con mucho encanto para lo que a menudo se entiende como una cena romántica. El menú y el servicio son, sin duda, especiales. Un bogavante a la mantequilla no puede más que imponer solemnidad, aunque el ambiente se relaja en el brunch de los domingos, con pinta más familiar.
Por la ubicación del edificio, hacia el norte destaca el corredor Reforma, mientras que en el poniente, el sol se oculta tras las siluetas del edificio del pantalón y otras construcciones de Santa Fe. También permite ver al sur, esa llanura de plantas bajas que apenas empieza a despuntar en vertical.

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Nápoles

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