El poniente de la CDMX alberga restaurantes con propuestas novedosas de gastronomía, lugares para desayunar y barras que preparan los cocteles de los mejores mixólogos de la Ciudad de México.
Recomendado: Planes para comer en la CDMX.

Publicidad
Dónde comer en Lomas de Chapultepec
La realidad es que si no vives ahí, hay pocas razones para subir a las Lomas, menos aún alguna que nos emocione demasiado, pero te confieso que ya ansiábamos comprobar si era verdad lo que se dice de Mantequilla Social Club. El nombre no puede ser más adecuado para un menú que busca seducir a todo aquél que se deje, así que cuando lo visites lo que menos debería importarte es el conteo de calorías.
En la barra apenas cabe un puñado de personas listas para hacer memorable el día con algo súper reconfortante. Su hamburguesa Black Label, el French Dip y la pasta Spicy Vodka Paccheri estarán entre lo más comentado del año por su untuosidad, técnica y sabor, pero hay otros platos que igual valen la mención.
Todo el equipo te recomendará que inicies del lado marino, sigue sus sabias palabras y comparte con alguien las manitas de cangrejo. Todas las formas de probarlas son correctas: desde simplemente con mantequilla clarificada y sal, y luego jugando con las cuatro salsas de la casa, especialmente dejate ir con el alioli y la mostaza de mostazas. Si vas por la experiencia completa, pregunta por la champaña de la casa.
Ahora sí estarías preparado para los viralísimos Spicy Vodka Paccheri, una cremosa pasta con queso stracciatella y el punto justo de picante; además de la hamburguesa Black Label. La carne es mezcla de wagyu, diezmillo, rib eye y New York con cebolla camelizada y pan de papa, hecha con amor frente a ti.
Tip 1: Pide el soft serve de postre y guárdate unas papas...
Tomarte un día para vivir un omakase japonés es el sueño para quienes verdaderamente aprecian el producto de mar con sus sutiles contrastes. Eso es lo que puedes vivir en el menú de 9 tiempos de OTTO, una barra escondida en las profundidades de Casa Hotbook, en las Lomas. Aquí el chiste es aislarte un ratito del mundo y abrir el paladar en un recorrido guiado por los maestros del cuchillo, quienes manejan con sumo cuidado la pesca del día de Ensenada e importados. Nuestra experiencia abrió con una pequeña tostada de atún, a la que siguió un filete de hamachi sellado, y eso apenas fue el preámbulo del desfile de tiempos fríos y calientes realzados con ingredientes japoneses. Así pasamos por sashimi y nigiris presentados para percibir los diferentes cortes del atún de aleta azul, admemás de robalo y un ostión fresco con hueva de pescado; mientras del lado caliente probamos delicados vegetales y ostión tempura, bacalao marinado con shishitos tatemados, y cerramos con un plato de tofu y wagyu de innegable untuosidad. Acompaña el recorrido con algún sake japonés o, si estás en modo dry, te recomendamos la limonada de jengibre de la casa.
La parte dulce no faltó: mochi hecho en casa relleno de helado de frijol dulce. Además de este omakase tradicional, hay uno más enfocado solo en nigiri (este es mucho más económico) Y también cuentan con un menú fijo por si quieres un rollo o una sopa en específico.
Te recomendamos: Savvia, cocina que honra la memoria en el Centro
Publicidad
Sabemos que en esta ciudad las propuestas gastronómicas no faltan, pero también ocurre que cuando una de esas se comienza a volver una de tus favoritas, desaparece. Ennea es distinto, ya lleva más de 4 años en el mercado con una gastronomía que mezcla platillos griegos, italianos y hasta libaneses, todo en las Lomas de Chapultepec.
Nos tocó su cara nocturna en una cena con vinos internacionales: blancos y rosados que acompañaron entradas, pastas y postres, una experiencia que evoca lo idílico y te transporta al Mediterráneo, el único problema es que te vas a volver loco con tantas opciones.
Comenzamos con chips de berenjena y jocoque; también pan pita para acompañar hummus, babaganush, y tzatziki (yogurt griego, eneldo, pepino y ajo). Algo perfecto para compartir, abrir el apetito y picarle a todos. De estos puedes elegir entre tres o seis untables.
Luego pasamos por las hojas de parra, servidas tradicionalmente con cordero, res y arroz: el y el keppe. si te gustan sabores más saturados, éste respeta las recetas de las madres libanesas. Al final llegamos hasta la tarta de la casa, de dátiles con macadamia y helado de yogurt, un must es acompañarlo de un café turco o un tradicional espresso.
La vibra: la atmósfera evoca el estilo del mar Egeo, un lugar que parece pequeño, pero tiene cierta extensión; su decoración te hace querer llevar pantalones cortos, camisa playera y pedir un spritz.
El plato: Orzo con Labneh, un tipo de pasta que recuerda al risotto con yogurt...
Una vez que reservas por Whatsapp (el link está en su IG: momiji_mx) una mesa en este restaurante secreto, debes dar con el lugar. Cerca del número indicado hay un portón negro donde al acercarte estará un discreto letrero que indica que has llegado: Momiji.
Al pasar notarás que se trata literalmente del patio de una casa. Raymundo Pérez y Cristina Hanhausen emprendieron en la pandemia una dark kitchen de cocina asiática (especialmente ramen) que luego se transformó en este singular speakeasy. Mientras que en su primera etapa había un menú que cambiaba cada semana, ahora el menú es fijo, conformado de platos consolidados; lo que sí continúa es que lo mantienen secreto para que llegue el público que de verdad aprecia la gastronomía.
Aunque el talento de ambos es innegable (los dos estuvieron en el certamen internacional San Pellegrino Young Chef, y absorbieron mucho conocimiento en destacados restaurantes italianos y japoneses). Ambos aportan de su cosecha para fusionar sus experiencias en rincones del mundo tan distintos y a la vez tan volcados hacia la gastronomía como son Italia y Japón. No cualquiera sale victorioso en cocina fusión, se necesita mucho coco, mucha técnica y conocer profundamente cada ingrediente, cosas que aquí tienen dominadas.
En esta visita, Cris nos recomendó comenzar con la ensalada de uvas, jitomate y pistache aderezado con vinagreta de albahaca y fermento de cítricos y jengibre hecho en casa con los residuos. Solo un ejemplo de cómo reutilizan...
Publicidad
Un ingrediente que fue muy apreciado por distintas culturas prehispánicas como Olmecas, Mayas y Aztecas. El cacao es lo que le da vida al querido chocolate, pero, por sí mismo, también es un superalimento que queda delicioso en bebidas o productos comestibles. Esto es algo que sabe muy bien Culto, que después de cinco años de ofrecer chocolate en barra con altos porcentajes de cacao criollo, decidió volver al cacao un ingrediente protagonista. Aquí te contamos cómo.
En su primera “cacaotería”, Culto ofrece sus productos ya conocidos, además de una barra de bebidas. Por una parte, tenemos barras de chocolate que van desde el 70 hasta el 90 por ciento de cacao orgánico y combinadas con superfoods. Si buscas cacao molido (o ceremonial como ellos le llaman) aquí puedes conseguirlo. Por cierto, cuentan con una bebida que lleva el mismo nombre que es una de las que debes probar.
Por su parte, el menú incluye bebidas frías, calientes y smoothies. Probamos Horchata, con nuez, almendra, nuez de la india, cacao en polvo, clavo, canela y miel de agave. Una opción refrescante y con buen balance para las temporadas de calor.
En ninguno de sus productos esperes el sabor dulce y con leche al que nos tienen acostumbradas las grandes empresas, su toque dulce es proporcionado por azúcar de coco y, en menor cantidad, miel de abeja. Aunque aquí aplica la del “cliente lo que pida” y si quieres una bebida con más azúcar, sólo debes pedirlo. No hay costo extra.
¿No vas en un mood de cacao?...
Quienes solemos trabajar en cafeterías sabemos que no es fácil dar con una que lo tenga todo: buen café, buen pan, ambiente tranquilo y que no sea excesivamente caro. Si estás por Lomas Virreyes, antes de irte a cualquier café de cadena, considera que acaba de abrir una cafetería con panadería francesa a la que puedes acudir tanto para hacer home office como para caerle a su soleada terraza para un brunch con amigas (¿mimosa + pan francés + chismito? siempre sí.)
Desde que llegué me dejé guiar por el olor a mantequilla. Amand es el décimo proyecto del grupo Ikigai (Umai, Ikigai, Mattea); de aquí sale la mayoría del pan para los otros nueve restaurantes. Tienen pan blanco hecho de masa madre y el dulce es muy variado, entre brownies, conchas, croissant rellenos y naturales, galletas y panqués, se me iban los ojos.
En cuanto a lo salado, tienen un menú tipo deli a cargo del chef ejejcutivo Axel Vázquez, de ahí probé el quiche lorraine, esponjoso por dentro y tostadito por fuera. Por suerte llega servido en una porción que no te va a dejar con hambre. De las bebidas, además de la barra de café, el chai latte es muy agradable, con un punto de azúcar bajo que se agradece, en especial si lo tomas junto a un pancito extra-dulce como el rollo de croissant de caramelo.
Otro que seguro será de tus consentidos si te ataca un antojo de comfort food es su clásico sándwich grilled cheese. Lo mejor es que funciona para comerse a cualquier hora del día. Lleva pan campesino tostado que...
Publicidad
Su decoración azulina y objetos navales aluden a los puertos del Mediterráneo español. ¿Crees que la comida española es pesada? Este lugar busca romper esa concepción: privilegia la frescura de pescados, mariscos, así como arroces valencianos y alicantinos. Las hierbas aromáticas se producen ahí mismo, ya que la terraza es un huerto urbano, el cual, además, se ha vuelto el espacio consentido de los clientes por la vista al poniente de la ciudad.
Al frente de Ajoblanco está el chef Manuel Victoria, con un menú bajo la dirección de una autoridad de la cocina española en México, el chef Pablo San Román. Una muestra perfecta del concepto es la untuosa sopa Ajoblanco. Si conoces el gazpacho, debes saber que esta crema fría es una de sus primas, solo que aquí la hacen más especial porque lleva trucha curada en casa y aceite de trufa. Te vas a enamorar solo de verla decorada con flores comestibles, también crecidas en su huerto.
Manuel nos cuenta que la barra de la planta baja ha funcionado como un lugar donde los trabajadores de la zona se refugian con una copa de vino español y un bocadillo mientras baja el tráfico. Mientras que los otros pisos se llenan de familias o cenas de negocios de larga sobremesa. Prohibido ir y no hincarle el diente a la paella de mariscos, que concentra todo el sabor de las costas mediterráneas y la porción es suficiente para compartir entre dos personas.
Mención especial merece el lado dulce de la carta. Aquí el rey es el socarrat de arroz con...
Desde hace mucho tiempo tenemos en la mira a David Castro Hussong, conocido por su restaurante Fauna, en Ensenada. Así que cuando me enteré que había abierto La Mari junto con su esposa, Maribel Aldaco, en Lomas de Chapultepec, supe que este lugar pronto se convertiría en uno de los consentidos de la CDMX (sí: hasta para los que no nos gusta subir a Lomas).
La Mari es un restaurante amplio, con mesas grandes y lleno de plantas; ahí, sí o sí, te sentirás cómodo —puedes ir de tenis, a pesar de la zona. Aunque si vas a la hora del after office te encontrarás a muchas personas trajeadas—. Y el concepto termina de reafirmar la calidez del espacio: Castro y Aldaco le pusieron La Mari a su restaurante para hacerle un homenaje a las mujeres que les enseñaron a amar la cocina; la hipótesis de los cocineros es que todos los mexicanos tenemos en nuestro círculo cercano a alguna mujer a la que le hemos aprendido y que se llama María. En mi caso, la hipótesis se cumple: mi madre se llama María.
Y para amarrar el concepto, la propuesta culinaria también abraza: aquí, todo lo que pruebes será un gozo. En la carta hay un poco de todo; opciones con carne, con pescado o basadas en verduras, incluso entre los platos fuetes. Y si pruebas varias cosas te darás cuenta de una constante: en La Mari, la onda es la calidad de los ingredientes. Aunque, claro, el mérito técnico de Castro y de Aldaco, encargada de los postres, se nota.
Prueba de ello es la flor de calabaza con hummus, hecho con...
Publicidad
Imagínate este plan: tenis y muchos carbohidratos. Esa es la propuesta del nuevo restaurante de Lomas de Chapultepec, Osteria Mattea: pastas, pizzas y un ambiente informal.
Osteria Mattea es un restaurante pequeño; caben alrededor de 25 personas. Tiene una zona de terraza más amplia y algunas mesas interiores. Al fondo, se alcanza a ver el horno en donde el chef Axel Vázquez (Sartoria, Zapote) prepara las pizzas que te vas a comer. También puedes ver la mesa de trabajo, detrás de la que Axel estira las pizzas dándoles vueltas en el aire. Sí, como solo lo has visto en las caricaturas —o probablemente en Nápoles, Italia—.
Las pizzas son un absoluto agasajo. La masa es delgada y la orilla está tan inflada que parece nube. De hecho, si te asomas a ver el interior de la orilla verás unos huequitos; los entendidos en panadería llaman los llaman alvéolos; los ojos del pan. Dicen por ahí, que esa es la prueba de fuego para saber que una masa está bien hecha —durante el amasado se forma el gluten, una proteína que, entre o tras cosas, atrapa el aire y forma estos huequitos—.
Las pizzas son al mero estilo napolitano: masa delgada, bordes anchos y nunca atascada de toppings. Aquí importa que cada ingrediente brille, desde la masa —que en el caso de Osteria Mattea es masa madre que se ha dejado reposar por 12 horas—, el queso, la salsa de jitomate o blanca y cada ingrediente que lleve encima nuestra rebanada.
No te pierdas la pizza Patata, que lleva papa, queso Tallegio, cebolla,...
Este lugar no está a la vista, debes bajar unas escaleras que te llevarán a una recepción con estilo fresco y moderno. Treze con Z, del chef Francisco Campuzano, es de cocina muy a la brasas pero con un concepto goloso. Encontrarás tonos en verde que bañan delicadamente algunas sillas y marcos de ventanas, discretamente decorado por plantas y luces bajas que dan un toque cálido. Pero lo que más robó mi atención —y corazón— fue el mural al fondo hecho por la artista mexicana Sofía Castellanos, que fusiona el concepto del lugar: cómodo, natural y funcional.
En la bien surtida sección de coctelería puedes elegir entre un mezcal preparado estilo margarita —de manzana, tamarindo, frutos rojos o maracuyá— o jugo de piña escarchado old fashion con tajín, limón, naranja, tequila y soda de limón. Como primera parada fue un aperitivo de lechuga rebosada y aderezo de chipotle crujiente, cortesía de la casa que te ambienta en la mezcla de sabores.
Disfruté de un papardelle con mariscos que se deshizo en mi boca en cuanto lo probé: la mantequilla y toques de limón que sazonan la pasta, el pulpo, los camarones y mejillones hacen que desees seguir comiendo aún cuando la porción es bastante generosa.
Terminé con el volcán treze de chocolate y avellanas que desde el olor anticipa una gran promesa: el chocolate amargo y caliente se derrite con las avellanas dentro de una galleta alta y con fondo. Los sabores de la tierra y mar aterrizaron en un espacio que gusta de ver a comensales felices.
Discover Time Out original video
Publicidad



















