Descubre las loncherías, las mejores tortas ahogadas y chiles en nogada en la Ciudad de México.

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Comida mexicana en la CDMX
Ser un restaurante de abolengo es cosa seria. Se trata de sobrevivir no sólo años, sino décadas y seguir siendo convincente. La verdad yo estaba reticente a visitar Los Almendros. Me recordaba a las comidas familiares llenas de tíos de mi infancia. Así que acudí a la defensiva.
“¿De entrada unos taquitos de cochinita pibil, qué le parecen?”, me dijo el mesero. Accedí. Los trajeron. Los probé. Si es posible hablar de equilibrio en el pibil, aquí era el caso: ni muy seco, ni escurriendo, ni muy ácido, ni muy insípido. La precisión del pibil comenzó por convencerme.Luego siguió la sopa de lima. Un potaje al que soy especialmente adicto, y por lo tanto, me considero capaz de discernir entre la imitación y la verdadera. Aquí estábamos hablando en serio y nuevamente el equilibrio en el sabor: no predominaba el cítrico, pero tampoco el consomé. De plato fuerte el mesero (de guayabera rigurosa, faltaba más) recomendó el pollo Los Almendros, incluso por encima del Poc-chuc del que el restaurante se vanagloria de haberlo creado en 1962.
Temo que no se equivocó: una suerte de pipián almendrado de resonancias sutiles que combinaba a la perfección con la pierna y el muslo. Acompañado, por supuesto, de tortillas hechas a mano. A estas alturas ya había yo recibido una lección sobre el abolengo: esa capacidad de ser clásico aún a pesar de las modas gastronómicas. Como sea, la perfección no existe: en el café fallaron, era un expreso demasiado ácido para mi paladar. En fin, una tacita no...
Aquí he probado el mejor caldo de res de toda mi vida. Que algo tan doméstico como un consomé de res servido en un restaurante logre múltiples dimensiones en el paladar, y te revele lo que siempre pensaste que debía de ser ese potaje pero nunca lo había alcanzado, habla en verdad mal de tus abuelitas, con perdón. Lo bueno es que tus abuelitas seguramente comieron aquí, cuando eran unas niñas y acompañaban a sus abuelos. También es muy posible que ya desde entonces trabajaran aquí los mismos meseros que ahora te atienden.
Este establecimiento ofrece comida mexicana desde 1860. Para darnos una idea, en ese año era presidente Benito Juárez. Se trata del restaurante más antiguo de la ciudad, la muy tradicional y añeja Hostería de Santo Domingo, con su piano que tocó Agustín Lara (y que sigue tocando las de Agustín Lara), con sus murales de la vida antigua de la urbe, su talavera, su papel picado colgando del techo, su vitral, sus autógrafos de celebridades de hace décadas, y sus chiles en nogada monumentales en tamaño y sabor, de los que recomendamos pedir únicamente media porción, porque la porción completa es inacabable. Chiles que, a diferencia de muchos otros lugares que sólo los sirven en septiembre, se pueden pedir en cualquier época del año, y han trascendido su fama hasta autodenominar a este viejo edificio colonial, exconvento de Santo Domingo, la catedral del chile en nogada.
La espera afuera por una mesa por más de una hora es también parte de la tradición, así como...
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Abrir taquerías está de moda y pareciera que deben de ser aesthetic, si no, no cuenta. Fuimos a ver si el caso de Taquería La Estrella es diferente. El chef Tomás Bermúdez quiso evocar a las taquerías de su tierra, Durango, por lo que La Estrella es su manera de homenajearlas.
La vibra: Para entrar deberás bajar unos escalones y ya adentro, indudablemente, te contagias de la vibra del lugar: música ranchera, grupera, cumbias, de todo. No faltan las sillas plegables como en unos XV años y las mesas de metal. En mi caso, todo me llevó a mi niñez comiendo tacos con mi papá.
Para abrir bocado, probé un Vampiro de asada, lo que en la CDMX conocemos como volcán. La carne es muy suave, está bien sazonada y el crujir de la tostadita es música para tus oídos.
Toda la carne con la que trabajan es de Durango y están comprometidos con su calidad. Para atreverme a probar cosas diferentes, probé el taco de mollejas, que por favor no lo dejes enfriar porque sino pierde su magia y puede ser grasoso.
El plato: Ahora sí, viene el que fue mi taco favorito, el taco chilaca. El chile chilaca es la versión fresca del chile pasilla y va relleno de queso. El de La Estrella es maravilloso porque tiene muchísimo queso y el chile está muy suave. Es un taco de chile relleno, pero sin capear, aunque la calidad de los quesos es sorprendente. Las salsas pican para alguien que no come mucho picante, pero le puede faltar punch para los amantes del picor extremo.
Como postre, probé el flan y aunque no...
Algunas terrazas que circundan la Plaza de la Constitución tienen fama de atrapabobos porque la calidad del menú no se relaciona los precios exorbitantes que manejan, pero no hay que meter a todos al mismo costal.
Balcón del Zócalo se cuece aparte porque, además de su menú normal de comida y desayunos y su preciosa vista a uno de los laterales de la catedral, ofrecen una propuesta de menú degustación súper interesante. Para entrar, debes dar vuelta en 5 de mayo hasta el hotel Zócalo Central, donde te indicarán cómo subir en elevador al restaurante.
A diferencia de otros menús de degustación, aquí cambia cada tres meses y no se trata solo de una muestra de la visión del chef, sino que involucra muchas más manos. Cada menú nace y se desarrolla en un laboratorio que reúne la creatividad, expertise e investigación de todo el equipo durante ocho semanas.
En mi caso, me tocó probar el menú de Invierno 2024, un recorrido de platos de cocina mexicana contamporánea (cada uno maridado con vinos excepcionales), los cuales seguían la temática desde la evolución de nuestra especie, las maneras en que las sociedades lograron adaptarse a las inclemencias del clima hasta los símbolos que se han creado a partir de la temporada de frío.
La experiencia comenzó con una interpretación de una quesadilla de sesos, con cubos de aguacate y salsa de chile verde, seguido de un bocado rojo apoyado en un hueso, que se trataba de carne vegetal hecha de sandía deshidratada con gazpacho moreliano....
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Este secreto —bien guardado— de la Industrial es sólo para conocedores. Aquí las pretensiones se quedan afuera para dar paso al sabor casero de la familia de Don Goyo, que te recibe literalmente con cazuelas gigantes de los guisos del día, que en mi visita figuraron chicharrón en salsa verde, carne de puerco en pipián, manitas de puerco en salsa verde y tacos dorados, pero que cambian diariamente.
Cuando llegué fue imposible no recordar la casa de mi abuela. Las paredes tienen amarillos y rosas brillantes, artesanías, que hace juego con las mesas de madera que se distribuyen en lo que parece, fue el estacionamiento de una casa. Al fondo se aprecia una colección de máscaras de madera y una piñata muy descolorida que al lleva varios años colgando.
Me senté y al momento llegó un mesero a darme la lista de guisos del día. Elegí el chicharrón en salsa verde y las enchiladas de chipotle —porque gordo—. Antes de mandarme los platos fuertes me preguntaron si quería arroz o pasta, pedí un poco de ambos; el arroz era rojo y tenía granos de elote dulce que se mezclaban perfecto con lo salado del jitomate; el espagueti también era rojo y tenia cubos de jamón. Aunque sea casi un acto de terrorismo, en las fondas mexicanas se sirve la pasta sobre cocida, algo que me gusta. Me hace sentir en casa.
Entre el agua de jamaica —con el dulzor exacto— y el costalito de tortillas echas a mano —que es imposible no tocar—, llegó el chicharrón en salsa verde con frijoles refritos. La salsa estaba...
Dicen que todos los cambios son para mejorar y Elena 147 es la prueba de ello. Monserrat Téllez y Rubén Zárate son una pareja de chefs que abrieron su propio proyecto Elena 147 en 2022. Su propuesta era completamente dulce: pastelitos, postres, galletas y café. La vida les sonrió y crecieron como pan caliente. A finales de 2024 se aventuraron a abrir Casa Elena, un restaurante con desayunos y comidas, justo al lado del ya famoso Elena 147.
Aunque ambos lugares comparten diseño, Casa Elena tiene una magia especial. Toques de madera y tonos salmón son parte de la belleza, logran una armonía y te ves envuelto en su calidez. Fui a la hora de la comida y el primer acierto fue probar el agua de horchata de pinole, es deliciosa, cremosa con un saborcito a maíz, pero debo decir que puede ser demasiado dulce para algunos.
Comencé con una sopa de quesillo y rosita de cacao ($180), el sabor del queso se encuentra en cada cucharada, se acompaña de molotitos de plátano que podrían fácilmente ser los protagonistas de la sopa. También probé las flores de calabaza capeadas ($200) rellenas de requesón y una especie de picadillo fino de hongos (duxelle). Se sirven con mole artesanal y espuma de hongos. Aquí me enamoraron. Pero, entre plática y plática, el platillo enfrió y perdió parte de su encanto. Vale mucho la pena, pero sí debes comerlo al momento.
Para el siguiente tiempo pedí la recomendación del chef: poro y salvia ($190). El tema es que el poro es un ingrediente complicado por...
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Almamía es la propuesta que acaba de abrir sobre Álvaro Obregón. Un restaurante dentro de una hermosa casona que próximamente será también hotel boutique y bar de coctelería (Katz) al que ya te puedes asomar y pasar a relajarte con un mezcalito.
La experiencia de Almamía empieza desde que cruzas la puerta con bellos vitrales, sigues por el pasillo y llegas a la enorme cortina verde que cubre una de las paredes, el telón de teatro que revelará el menú de cocina mexicana contemporánea con técnicas francesas del chef David Hernández.
El concepto tiene referencias a la cocina oaxaqueña, donde se sabe que para todo mal, mezcal. Entre las mesas vimos pasar al equipo con una garrafa de espadín de la casa invitando a probarlo. Es un mezcal muy suave que acompaña bien los moles de la carta, pero si te gusta más en coctel, prueba el que combina mezcal y chocolate, servido en un original cactus de cerámica.
Para los que aman los sabores agridulces, estoy segura de que la entrada de pan de elote sobre mole oaxaqueño y puré de plátano va a ser un favorito en este lugar. Pero si prefieres algo fresco y con un toque picante, vete por la tostada de kampachi, paté de pescado y salsa macha.
En los fuertes, encontrarás platillos mexicanos tradicionales con un twist, ya sea en los ingredientes o en las proteínas, todas muy bien trabajadas. Hay, por ejemplo, un ravioli de conejo y morillas con salsa de vino tinto, un pato confitado sobre mole rosa; o un chamorro de cordero que se cocina en...
Pelota Mestiza es el nuevo restaurante en el Frontón México creado a partir del musical La Malinche. Con un concepto que explora los rituales ancestrales y los convierte en platillos exquisitos, su menú fusiona ingredientes mexicanos con técnicas clásicas, en un ambiente cuidado y contemporáneo. Todo a un costado del Monumento a la Revolución, cuya espectacular vista permite palpar la historia desde todos los ángulos.
A cargo de este concepto está la chef Lula Martín del Campo (Marea, Cascabel, Altanera y La Barra de al Lado). Quienes la conocen sabrán de qué va su visión de la gastronomía, básicamente es una reinterpretación de la cocina tradicional con un toque contemporáneo, sin dejar de lado ingredientes cuidadosamente seleccionados con atención a toda la cadena de producción y a la calidad.
Nuestra experiencia estuvo llena de grandes momentos, de entrada nos sirvieron esquites ancestrales, con maíz blanco, azul y rojo, con epazote, acompañado de mayonesa de chipotle, queso panela, chile de árbol y un toque de limón.
Para hacer un guiño al mestizaje, nos sirvieron dos tacos, uno de coliflor rebozada en recado negro, acompañado de un guacamole un pelín picante y cebolla morada encurtida, una propuestra increíble; mientras el segundo fue de gambas al ajillo, con frijoles refritos, y laminitas de chile de arbol.
Seguimos con el recorrido con un plato que la chef relaciona a la Conquista: cerdo en cocción lenta para taquear, con chile guajillo, servido en pequeños...
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Estas son quizás las mejores enchiladas de la ciudad. Es una declaración osada pero que se sostiene en su sabor y originalidad.
Hay enchiladas con ingredientes y modalidades de casi todos los estados y rincones del país: morelianas, celayenses, toluqueñas, tapatías, potosinas, tepoztecas y queretanas; también con sorpresas como cochinita pibil, arrachera y carnitas.
Las michoacanas (no confundir con morelianas) sobrepasan las dos dimensiones. Su copete de col y pico de gallo las hace altas, soberanas, instagrameables. La salsa de chiles guajillo y de árbol, da en el clavo cuando de picor y sabor se habla. El queso se pierde entre tanta frondosidad pero hace su labor y aporta cremosidad. El plato es una serie de aciertos que hace que valga la pena visitar este gran lugar.
Sobre la mesa un tarro de cerveza lleno de un caldo rojo de pescado. "Caldo bichi", lo llama el mesero. Sé que en Sonora “bichi” significa “encuerado”. No sé por qué el nombre. Titubeo entre si meter la cuchara o tomar el tarro por el asa y beber. Opto por lo segundo. El trago es picosísimo y reanimador. En él flotan verduras, camarón y pescado. Es delicioso.
Frente a mí, la charolita de las salsas (Valentina, Huichol, Guacamaya, Cholula, Chimaya en dos grados de picante, además de Maggi, inglesa, cátsup y mayonesa) y la de las tostadas y galletas saladas. Prefiero no usarlas: según mi muy particular religión gastronómica, el sazón de la receta de mariscos no debe de ser maquillado.
Y detrás, el local. Amplio, atestado de la fauna polanquera típica: oficinistas y niñas bien. Los ocasionales mariachis callejeros originan un remix involuntario y disonante con la música de banda que ameniza el local. Es la primera vez que vengo a Mi gusto es, sucursal Polanco. Soy cliente asiduo del local original, en la Narvarte. Ahí he pedido el aguachile y he demostrado que los hombres podemos llorar, aullar y sudar sin perder machismo: el chiltepín de ese manjar es tan intenso que sólo los valientes llegan al final del plato. Yo soy un valiente.
Pero en esta ocasión he optado por algo más fresa —finalmente estoy en Polanco—: tacos de machaca de marlin (no le pongas salsa, así es sublime) y gobernador de camarón (bien, pero gobierna más la machaca). Plato fuerte, pescado zarandeado,...
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