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Los mejores chocolates calientes

Delicias de oro negro para quitar el frío

Foto: Alejandra Carbajal

En esta época de buscar comidas y bebidas reconfortantes, además de las casas de té, el complemento ideal es esta bebida de la gastronomía mexicana por excelencia. 

Bistrot by Caffé Diemme
Foto: Khrystell Zavaleta
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Bistrot by Caffé Diemme

Una receta italiana de cocoa pura es la que se sirve en el café Diemme, un hallazgo en la Del Valle. La consistencia del chocolate es similar a la de un atole y se vuelve más espesa conforme se va enfriando. Tanto, que al final es necesario utilizar una cuchara. A diferencia de los atoles, esta receta no contiene leche ni masa y, según me dijo el barista, tiene ¡casi cero calorías! Ahora que si esto no te preocupa, puedes pedirlo con chocolate blanco.
La bebida se sirve acompañada de un conjunto de instrucciones dignas del manual de Cortázar. Primero hay que batirlo con la cuchara, pues llega prácticamente hirviendo, pero hay que limitar la intensidad al soplar y batir, ya que se enfría rápido. A continuación, se debe tomar rápido, sin preocuparse del bigote de crema batida. Puedes pedir que agreguen una esencia a tu chocolate, como malvavisco tostado, coco, pan de jengibre, menta o macadamia. Si de plano no logra quitarte el frío, pide una de las cobijas de felpa que el lugar ofrece.

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Del Valle
Tanguyú
Foto: Alejandra Carbajal
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Tanguyú

Esta casa convertida en restaurante sirve manjares de los Valles Centrales de Oaxaca (como tlayudas, tasajo, mole negro o tamales) y uno de los mejores chocolates calientes de la ciudad. Tienen dos opciones: con leche y la tradicional receta oaxaqueña con agua. El chocolate con leche es más dulce, sin embargo, el de agua es el que se lleva las ovaciones de pie. Es semiamargo, ligero y muy espumoso. Parece increíble que de algo tan básico como la combinación de agua con chocolate resulte una bebida tan celestial. Quizás se debe al delicado arte de agregar el chocolate en el momento del hervor preciso, o al de añadir la cantidad justa de agua una vez que haya espesado, o al empeño con el que se frota el molinillo al momento de batirlo. El caso es que al dar el primer trago es posible entender a las damas chocolateras de las que hablaba Salvador Novo en su libro Cocina mexicana: “Se lo servían en plena misa y a toda hora en la iglesia, para indignación del obispo, quien tuvo que excomulgarlas, y ni así dejaban el vicio del chocolate”. Larga vida a los excesos.

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La Villa
Churrería El Convento
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Churrería El Convento

Tengo la teoría de que entre más cerca estés de un convento, mejor ha de ser el chocolate. Desde 1977, El Convento prepara tres tipos de esta bebida quita frío. Todos los chocolates son mezclados con leche. El francés es dulce, ligero y el más espumoso; un crowd pleaser para ir a la segura. El mexicano, por otro lado, tiene una fuerte esencia de canela que le da profundidad a su sabor. El español es más espeso y semiamargo, aunque no es ni tan espeso ni tan amargo como el que venden en las churrerías del otro lado del Atlántico. Cada taza incluye cuatro churros perfectos, largos, crujientes por fuera y con una masa suave, casi cruda por dentro. También ofrecen tortas y enchiladas por si tienes mucha hambre. Es una lástima que se hayan tenido que mudar hace unos años de al lado de El Carmen (en su antiguo local abrió otra churrería), pues aunque esté a una cuadra, la nueva locación de dos pisos es pequeña, gris y ruidosa. Tal vez conviene pedir para llevar.

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San Ángel
MUCHO Mundo Chocolate
Foto: Alejandra Carbajal
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MUCHO Mundo Chocolate

Recomendado

El Museo del Chocolate cuenta con una fonda gourmet que ofrece cuatro bebidas que siguen recetas tradicionales, por lo que este pequeño espacio es como visitar un pueblito dentro de la ciudad. Ahí se sirve chocolate con leche, chocolate con agua, té de cacao y agua de pozol y pinole. La elección depende de la intensidad de sabor a cacao que prefieras. Si buscas un sabor intenso, recomiendo el chocolate con agua. Por otro lado, como para preparar el té sólo se utilizan las hojas del cacao, su sabor es muy ligero. Si prefieres algo refrescante, pide el pozol: una bebida fría que resulta de nixtamalizar el maíz con cacao y diluirlo en agua. Para acompañar tu bebida predilecta, esta bonita cafetería ofrece productos de panadería, como rollos de queso ricotta o trenzas de higo y dátil. Todos los productos se elaboran ahí mismo, con cacao traido directamente de Oaxaca. Un gran plan para cerrar una visita a las salas de historia del cacao y caer en las varias golosinas de su tienda.

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Juárez

Comentarios

1 comments
n i
n i

Hola, les escribo porque me parece de muy mal gusto que recomienden cosas que no son ciertas. El chocolate de Bistrot by Caffé Diemme no es para nada sobresaliente, hasta está insípido. Ni siquiera la foto que ponen es real. O sea, si es un publirreportaje, sería bueno que lo señalaran.


Que chafa.