Las propuestas gastronómicas de otras zonas de la ciudad como la Roma, Condesa o San Ángel, han dado mucho de qué hablar. Sin embargo, en Tlalpan también puedes encontrar una gran variedad de restaurantes y cafés de especialidad.

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Restaurantes y cafés en Tlalpan
No importa que la escandalosa avenida Insurgentes esté a un costado, pues este lugar transforma su entorno sin salir de la urbe sureña. Parrilla Paraíso es un jardín cubierto en flores y luces, ideal para visitarlo de noche con tus amigos o con tu pareja y pedir una cerveza artesanal. Incluso pueden ir las mascotas y correr libremente.
El menú denota mucho respeto hacia la composición natural de los ingredientes. La especialidad de la casa es un pescado totoado de criadero, una especie que solamente se encuentra en el mar de Cortés; viene servido sobre cama de puré de papa y zetas.
Mientras más busques en la carta de cervezas, más peculiares las encontrarás, pues a pesar de que tienen etiquetas comerciales, el fuerte son las artesanales originarias de la Ciudad de México; por ejemplo, la monstruo de agua que ofrece cervezas híbridas: una denotación que se les da porque la fermentación se hace a través de una combinación de frutas, cereales, mieles y plantas. No olvides echarle un ojo al mapa cervecero que te indica de dónde provino tu bebida.
Si piensas que la mejor manera de cerrar una comida es con el postre, dale al blanco pidiendo el fondant de dulce de tapioca. Resulta una combinación de grandes texturas con el helado contrarrestando lo azucaroso del dulce de leche. Tip: si el ambiente se pone frío, pídeles unas mantas y sigue disfrutando de tu visita y sus grandes sabores urbanos.
Si hay alguien que conoce la pureza de los ingredientes, es el chef Maycoll Calderón. Huset, su primer restaurante, es el homenaje de la cocina de campo, y Olenna, la más reciente apertura, te transporta a tierras mediterráneas.
La ubicación en Artz Pedregal le da aires de corbata apretada, pero en fines de semana se olvidan las formalidades y es un espacio muy familiar, rodeado de vegetación, con mucha madera y espacios abiertos para iluminar naturalmente.
Es una cocina cargada de especias, en el buen sentido: hay sabores fuertes de aceites y vinagretas. El humus se realza con paprika y un sazonado pan pita, entrada a la que puede seguirle un untuoso y dulce camarón azul montado en calabaza.
El rotini, aunque no muy arriesgado, es cumplidor en cuanto a la textura de la pasta y frescura del tomate con queso de cabra. Mientras que el pulpo a las brasas presume de tentáculos esponjosos sin sentirse gomosos y un intenso toque de olivo con muchas alcaparras.
La trufa de chocolate es un auténtico viaje por entre olas saladas, cuyo aceite de oliva terminó por apuntalar a las papilas de tanto sazón pero el cacao actúa como salvavidas. Maycoll maneja el timón de Olenna en una dirección complaciente y muy atenta.
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Se definen como una pastelería y cafetería artesanal, vegetariana y orgánica. Eso se traduce en variadas opciones de desayunos, pan delicioso recién hecho y hasta suculentas hamburguesas que jurarías son de res. Lo ideal es llegar temprano, antes de las 10am o tendrás que esperar hasta media hora, pues el lugar es muy pequeño, unas 6 mesas.
Para empezar, un cuernito relleno de queso y zarzamora o hotcakes de amaranto con papaya y miel de maguey. O bien, las quesadillas azules con queso gouda y quesillo, rajas o champiñones. Para los más tradicionales, chilaquiles verdes o rojos con huevo, aunque también podrías optar por los minimolletes con chorizo de soya.
Ahora que si el desayuno no está completo sin huevo, debes probar el omelet de verduras (champiñones o acelgas salteadas al curry). Para tomar, el café orgánico es casi garantía de felicidad –aunque para mi gusto, un poco aguado–, un espresso para los más intensos (sí me gustó) o un té como el casa papalotl (manzanilla, canela, tila, limón y jamaica) que, dice, es bueno para la digestión y contra la tos, el resfrío y el insomnio.
Después de mediodía, lo recomendable es la sopa del día y la hamburguesa papalotl (bollo integral con carne de gluten de trigo, mayonesa, lechuga, germinado, jitomate, queso y champiñones); lamentarás todas las veces que visitaste alguna cadena de comida rápida.
Ya entrada la tarde, puede ser idóneo para un café y un pastel, los de elote o zanahoria están para repetir en casa, pues además...
Es una boutique gourmet y tienda de sándwiches. Tiene un espacio para comer y anaqueles con sus productos en muestra.
Encuentras embutidos como fuet, jamón serrano, chorizo ibérico y salami, quesos como parmesano, de cabra, triple crème y feta, aceitunas de Kalamata, café, vinos, conservas, latería, aceites y vinagretas; vaya, una tienda gourmet con un catálogo completo para que llenes la despensa con algo más que la canasta básica.
Tienen alimentos preparados como tartas y panqués, aunque el encanto principal son los sándwiches. Arma el tuyo por 50 pesos, te recomendamos pedir el de roast beef con queso morral ahumado y un aderezo de mostaza dijon o de chimichurri. El de pastrami y el de chorizo de pamplona también son una excelente opción pues saben caseros.
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Estas son quizás las mejores enchiladas de la ciudad. Es una declaración osada pero que se sostiene en su sabor y originalidad.
Hay enchiladas con ingredientes y modalidades de casi todos los estados y rincones del país: morelianas, celayenses, toluqueñas, tapatías, potosinas, tepoztecas y queretanas; también con sorpresas como cochinita pibil, arrachera y carnitas.
Las michoacanas (no confundir con morelianas) sobrepasan las dos dimensiones. Su copete de col y pico de gallo las hace altas, soberanas, instagrameables. La salsa de chiles guajillo y de árbol, da en el clavo cuando de picor y sabor se habla. El queso se pierde entre tanta frondosidad pero hace su labor y aporta cremosidad. El plato es una serie de aciertos que hace que valga la pena visitar este gran lugar.
Kachina, katcina o katsina son unas muñecas que representan la religión de los pueblos indios de occidente como los hopi, los zuñi y los tiwa. Un katsina puede ser cualquier cosa, desde un elemento, una cualidad o un fenómeno natural hasta un concepto. Bajo esta idea nació este lugar al sur de la ciudad donde producen, venden y sirven café directamente de sus fincas en Veracruz.Café Katsina viene de una tradición familiar desde hace cuatro generaciones. Primero como exportadores, luego en el comercio con dos marcas propias y ahora como productores, tostadores y baristas de un café gourmet. El nombre proviene de las katsinas, muñequitos antropomorfos, tradición de los indios hopi, que son mensajeros entre los hombres y los dioses.El café se produce en sus propias fincas. Se tuesta en pequeñas cantidades y se hacen tres tipos de tostado. El molido se hace en el momento de prepararlo. En el local se vende café en grano y se puede moler si el cliente lo desea.Tienen un brownie de chocolate preparado con frambuesa, paninis con diferentes ingredientes, ensaladas y, por la mañana, fruta con yogurt y pan dulce. La mayoría de sus productos son orgánicos.
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Este es un gran secreto de la zona sur de la CDMX. Los tacos son tan célebres que tres días de la semana es suficiente para tener un público fiel y agradecido. Los tacos rebosan de relleno, sobre todo el de adobo. Por si fuera poco, las salsas están en su picor exacto.
Aunque no tienen dirección precisa es fácil encontrarlos: el puesto con mayor aglomeración de gente sobre Calzada del Hueso, justo a un costado de Pericoapa y frente al supermercado.
No te quedes con las ganas y prueba todas las recomendaciones del top 5 de tacos de canasta.
¿Un café de especialidad en Coapa? Leíste bien. Lejos de ser una zona en donde la gente se imagina que “Pa papanamericano” revienta a todo volumen desde autos tuneados con conductores que manejan con el asiento hasta atrás (o donde la mujer es guapa), esta región también alberga Inka Yani, uno de los mejores cafés del sur del DF.
Aquí ofrecen los métodos más básicos con los que cualquier cafetería de especialidad debe abrir –como chemex, dripper, aeropress y prensa francesa— dentro de un lugar con mesas largas de madera, para compartir el gusto de probar tal o cual método o asombrarse de las cualidades del grano (traído de Veracruz, Oaxaca y Guerrero).
La sugerencia, para los principiantes, es el dripper caliente, de intensidad media, hecho con un grano con notas de madera, caramelo y nueces. De rigor, hay que pedirlo para tomarse ahí mismo, pues ofrecen una experiencia que ayuda a ampliar la visión que uno tenía sobre la alquimia detrás de una buena taza.
La barista llega a la mesa con el artilugio predilecto y cronómetro en mano. Destapa un frasco con café molido y lo acerca para que lo olfatees. “Es de Herradura, Veracruz. Se trata de uno de los mejores granos del país y del mundo”. Luego inicia cátedra. Habla con un asombro y entusiasmo contagioso sobre el arte del café y sus cualidades, como la diferencia entre un grado de tueste y el otro, y la cantidad de agua, la importancia del C02 y el molido ideal del grano para cada método.
Me cuenta que entre mayor es la...
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¿Qué pasa cuando mezclas el romance de La vida es bella con el espíritu bohemio del centro de Tlalpan? El resultado es un restaurante italiano sin pretensiones que se presta a que las palabras de amor salgan como pan caliente.
Claro, eso si no te distrae el olor del ajo de los platos que desfilan junto a ti o las pinturas a gran escala de callejones italianos sobre las paredes.
Aunque aquí el ambiente puede ser un poco señorial -como para ir con tu tía a medio día- por la noche, se transforma en un lugar donde se antoja llegar tomado de la mano de alguien.
Comienza la velada con uno de sus vinos italianos de buen costo-beneficio, mientras les das una hojeada a la carta del chef Julio Alonso. Ante cualquier duda, el camino a seguir son las pastas preparadas artesanalmente, o los platos fuertes cubiertos por una salsa estilo casero.
Los calamares portofino fritos acompañados con arrabiata y tártara podrían sonar a una ópera cantada por un veneciano en su góndola. Lo cierto es que, aunque tienen una buena consistencia, les falta un poco de magia o, tal vez, una pizca de sal y pimienta.
En cambio, la ensalada nonna nos regala algo de felicidad. La combinación de las espinacas con los berros, los trozos de manzana, los piñones y el tocino crocante con aderezo de mostaza y miel, logran un buen contraste de texturas, acidez y dulzura.
El clímax de la película sucede en la llegada a la mesa del fettuccine nero di seppia con camarones. El término al dente de la pasta es preciso...
Dice la canción que el tango es la emoción de regresar al punto cardinal. A más de siete mil kilómetros de distancia, Buenos Aires se antoja lejanísima de la Ciudad de México, pero la distancia se acorta en Piantao con sus Jueves de Tango, que ocurren todos los últimos jueves de cada mes, a las 20:30 horas.
Más embajada porteña que restaurante al sur de la ciudad, aquí se siente la nostalgia bonaerense. ¿Qué se extraña? La Argentina misma, puede ser, o se lamenta nunca haberla conocido.
El bandoneón con su queja, el baile a contrapunto, el canto con pena, el corte en su término, el vino en la mesa… Los últimos jueves de cada mes todo está dispuesto para viajar al Cono Sur en un par de horas… Y volver –con la frente marchita– como cantaría Carlos Gardel.
La cancilleres artísticos en los Jueves de Tango son Romina Marconi, con una voz que al tango lo emociona, y Héctor “Bocha” Mazza, pianista de manos equilibristas que saltan entre octavas.
Están también Ángel Pérez, con su rodilla clavada a las costillas del bandoneón, Valeria Lorduguin soltando latigazos con sus piernas enmalladas, y Leonardo D'Aquila con pantalón abombachado, pinta de compadrito y mirada de guapo, tal como los describiera Jorge Luis Borges en sus cuatro conferencias.
Recorren los bailarines los pasillos del restaurante. Van así, medio bailando y medio volando como dos locos o piantaos, como se dice en la palabra lunfarda que da nombre al lugar.
En esta celebración porteña figuran los comensales y sus...
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