Desde restaurantes asiáticos y tiendas en la barrio coreano, hasta celebraciones (como el Año Nuevo Chino), la cultura asiática se ha establecido en la vida cotidiana del DF. Como de la comida nace el amor, te invitamos a probar lo mejor de la gastronomía japonesa en la ciudad.

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Restaurantes japoneses en la ciudad
Bienvenidos a la fantasía pop de Japón. Y todo comienza desde el nombre: hace falta haber nacido en los noventa o antes, o ser ligeramente otaku, para hacer la conexión entre el nombre de este restaurante y Ranma ½, el manga de Rumiko Takahashi que comenzó a publicarse en 1987 y ganó popularidad cuando se adaptó al anime. De hecho, en Ranma ½ tiene una relación cercana con la comida y parte de los escenarios cotidianos en los que se mueven sus personajes son lugares para comer. Así, el nombre funciona como referencia nostálgica y comienza a delinear lo que está por venir.
Llegar al lugar cumple ese lugar común de “un pedacito de Japón sin salir de la CDMX”, porque aquí lo llevan a una realidad simbólica. La entrada al restaurante, que está en la planta baja de un edificio de la Zona Rosa (ojo con la ubicación, que tampoco es casualidad en medio de restaurantes de cocina asiática), está llena de espejos por todos lados; bajar las escaleras se siente como entrar a otro universo, en donde se devela una decoración de superficies metálicas reflejantes, negro brillante, formas curvas y más espejos que aportan una vibra retrofuturista. También desde la entrada podrás ver el luminoso de un Tamagotchi; referencias que estarán presentes por todos lados y le ponen el toquecito kawaii a la visita.
La música no se queda atrás: podrás escuchar algunas referencias del city pop, como Anri con Windy Summer, para evocar el mero imaginario japonés ochentero, o subirte al tren del revival...
El nuevo restaurante del grupo Rokai-Kobayashi se aloja en el primer nivel de una casona porfiriana en la Juárez. Kyo Sushi-Ya atiende sólo con reservación y es un espacio tranquilo y minimalista, concebido para brindar una atención personalizada a los comensales.
Consta de una barra de madera con trece asientos, donde puedes ver a sus tres chefs japoneses en acción; sus diestros movimientos al filetear pescado y moldear los nigiri o los rollos de estilo tradicional japonés –nada de queso crema ni chiles toreados– te mantendrán hipnotizado.
El menú está basado en pescados y mariscos del día, exclusivamente omakase (selección del chef) en tres variantes: tamaño y variedad de las porciones, el número de piezas de nigiri y el precio, que va desde 480 y 580 hasta 750 pesos, sin incluir las bebidas.
De tomar, hay cerveza Tempus y otras tres japonesas. La Echigo Premium es una delicia, pero a 220 pesos la botella está de pensarse; también hay sake, shochu y whisky nipón. Si amas los productos del mar y los precios no te asustan, el desfile de pequeños platos minuciosamente preparados ante tus ojos será una experiencia que te fascinará.
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Una vez que reservas por Whatsapp (el link está en su IG: momiji_mx) una mesa en este restaurante secreto, debes dar con el lugar. Cerca del número indicado hay un portón negro donde al acercarte estará un discreto letrero que indica que has llegado: Momiji.
Al pasar notarás que se trata literalmente del patio de una casa. Raymundo Pérez y Cristina Hanhausen emprendieron en la pandemia una dark kitchen de cocina asiática (especialmente ramen) que luego se transformó en este singular speakeasy. Mientras que en su primera etapa había un menú que cambiaba cada semana, ahora el menú es fijo, conformado de platos consolidados; lo que sí continúa es que lo mantienen secreto para que llegue el público que de verdad aprecia la gastronomía.
Aunque el talento de ambos es innegable (los dos estuvieron en el certamen internacional San Pellegrino Young Chef, y absorbieron mucho conocimiento en destacados restaurantes italianos y japoneses). Ambos aportan de su cosecha para fusionar sus experiencias en rincones del mundo tan distintos y a la vez tan volcados hacia la gastronomía como son Italia y Japón. No cualquiera sale victorioso en cocina fusión, se necesita mucho coco, mucha técnica y conocer profundamente cada ingrediente, cosas que aquí tienen dominadas.
En esta visita, Cris nos recomendó comenzar con la ensalada de uvas, jitomate y pistache aderezado con vinagreta de albahaca y fermento de cítricos y jengibre hecho en casa con los residuos. Solo un ejemplo de cómo reutilizan...
La cocina fusión o que mezcla dos gastronomías distantes me provoca sospecha, uno puede terminar comiendo cosas extrañas que en el mejor de los casos se quedan en la anécdota, pero luego no dan ganas de volver. Chopsticks fue todo lo contrario.
Esta nueva barra de sushi completa la variada oferta en la esquina de Versalles y Chapultepec junto a Taller de Ostiones y Baby, un bar del que hablaremos próximamente. La barra está dispuesta para que veas todo lo que ocurre detrás y platiques con los chefs de cada tiempo. El chef Sergio de la Peña es de La Paz. Al hacer su camino en barras japonesas en Los Cabos, si algo sabe bien es tratar el producto marino.
Antes que nada, un sake de la casa, ahora sí, puedes elegir entre dos tipos de menú omakase (que cambiarán estacionalmente): el de 10 o el de 8 tiempos. Mi recomendación sería que en tu primera visita vivas la experiencia y en las siguientes –nosostros seguro volveremos– pidas a la carta los platos que más te gustaron.
Claro que nos aventuramos con el de 10 tiempos. Por cuestión de espacio, te contaré de las que fueron verdaderas sacudidas mentales en sabor y creatividad. El sashimi shiromi es un callo de hacha con habanero, umeboshi (ciruela encurtida) y una salsa espesa de coco y chocolate blanco. Casi pedimos un pan para raspar el plato. A éste siguió uno que lo que tenía picante tenía de sabroso, de esos que no puedes dejar de comer aunque tengas el labio hinchado: una almeja chocolata inspirada en un atardecer en La...
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Una tabernita japonesa escondida en la San Miguel Chapultepec es el último proyecto del chef Klaus Albert Mayr (Anónimo). Con un diseño limpio, hay varios spots para elegir, entre la terraza, la barra (para ver en acción a los maestros de sushi) o, lo más fotogénico, las mesas de sexy iluminación, incluso hay un cuartito interior más privado.
Yo no nací amante de las sopas, las tardes lluviosas de la CDMX me hicieron así. Ahora soy de las que inicia siempre con una sopa miso, reconfortante y muy calientita bajo las nubes negras. Seguimos con las gyozas de pollo y verduras, que van servidas debajo de una costra de fécula de papa, la cual aporta mucha textura, aunque no tanto sabor. Para beber pedí la limonada de yuzu y hojicha (té tostado), una joyita muy fresca por la que regresaría al medio día.
Sukai con templa básicos y no tan básicos de esta cocina con el toque personal del lugar: ramen o donburi, además de currys o brochetas y más de una decena de rollos; nos fuimos por probar varios de éstos y, en general, aplaudo que brilla más el sabor natural de los productos marinos antes de abusar de la mayonesa spicy. Ahora que si quieres más complementos, hay una lista muy variada de extras para elegir, entre mayo yuzu, mayo trufa o mayo wasabi. Nuestro rollo favorito del día: el de chicharrón de jaiba, con relleno de camarón y jaiba frita y hueva de pescado por encima.
Para cerrar, probamos el cheesecake de matcha que, aunque agradable, el sabor del té estaba algo escondido....
Hay una palabra que define la cocina de TORI, la nueva versión de Tori Tori Temístocles: libre. Si bien aquí el chef Marcelo Hisaki (representante de México en el Bocuse d’Or y chef del año por Vatel, ambos reconocimientos obtenidos en 2024) pone, por sobre todas las cosas, el respeto a los productos y a las técnicas japonesas, también echa mano de ingredientes locales y, de pronto, de su toquecito de picante que, además de acento, sirve de afirmación: aquí no hay reglas.
TORI vale la pena desde el diseño, que estuvo a cargo de Michel Rojkind (responsable también de la remodelación de la Cineteca Nacional y del diseño de Mercado Roma), y luego renovado por Esrawe Estudio. El resultado es una terraza elegante, pero a la vez acogedora, que se antoja tanto para los días de sol como para las tardes de frío.
Nuestra experiencia inició desde el servicio del sake, que llegó como debe ser: frío. Tradicionalmente, este fermentado se sirve en una cubitera con hielo, tal como tu vino blanco favorito. Pero acá (Polanco tenía que ser) se decidieron por una opción más vistosa:en una especie de decantador al que se le acomoda, por dentro, otro recipiente que contiene hielo. Así, el líquido se mantiene siempre frío sin diluirse.
Con sake en mano, estuvimos listos para probar lo mero bueno: un plato de nigiris y sashimis, bonito y variado, que incluía productos como toro, hamachi, shake (salmón) e ikura. Todos, productos súper frescos, bien presentados y muy cuidados. Venían acompañados...
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Tomarte un día para vivir un omakase japonés es el sueño para quienes verdaderamente aprecian el producto de mar con sus sutiles contrastes. Eso es lo que puedes vivir en el menú de 9 tiempos de OTTO, una barra escondida en las profundidades de Casa Hotbook, en las Lomas. Aquí el chiste es aislarte un ratito del mundo y abrir el paladar en un recorrido guiado por los maestros del cuchillo, quienes manejan con sumo cuidado la pesca del día de Ensenada e importados. Nuestra experiencia abrió con una pequeña tostada de atún, a la que siguió un filete de hamachi sellado, y eso apenas fue el preámbulo del desfile de tiempos fríos y calientes realzados con ingredientes japoneses. Así pasamos por sashimi y nigiris presentados para percibir los diferentes cortes del atún de aleta azul, admemás de robalo y un ostión fresco con hueva de pescado; mientras del lado caliente probamos delicados vegetales y ostión tempura, bacalao marinado con shishitos tatemados, y cerramos con un plato de tofu y wagyu de innegable untuosidad. Acompaña el recorrido con algún sake japonés o, si estás en modo dry, te recomendamos la limonada de jengibre de la casa.
La parte dulce no faltó: mochi hecho en casa relleno de helado de frijol dulce. Además de este omakase tradicional, hay uno más enfocado solo en nigiri (este es mucho más económico) Y también cuentan con un menú fijo por si quieres un rollo o una sopa en específico.
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No importa si eres purista de los sabores de la comida nipona, una vez que pruebas el taco de camarón tempura de Koku lo entiendes todo y relajas tus modos estrictos con la comida, porque a estas alturas no debe asustarte leer huitlacoche y teriyaki en la descripción de un mismo platillo. El chef Takeya Matsumoto te hablará en español mexicano y en japonés al mismo tiempo y con mucha fluidez a través de sus propuestas gastronómicas.
Balboa Pizzería, en la Cuauhtémoc, ya tiene un hermano y resulta que es mitad japonés y mitad mexicano, de comida fusión. Es increíble el cuidado que pusieron en el diseño de interiores, alternando madera, cemento y plantas naturales, el toque urbano vivo y minimalista que ya no puede faltar en los restaurantes orientales, y que en este caso, resultó en una ambientación que puede ser cómoda y casera, o elegante y casi formal, según lo que necesites. La terraza –cerrada y techada– es un acierto más de Koku, es donde te recomiendo que pidas una mesa porque de día se ilumina plenamente al sol y de noche es cálida a la luz de las velas, una pared con ladrillo expuesto, otra que simula las aguas del mar y un par de árboles le dan personalidad, respetando el estilo decorativo del resto de los espacios.
Cuando ves que hay japoneses en un restaurante que sirve su estilo de comida sabes que algo están haciendo bien en la cocina; pude ver platos surtidos y frescos de sashimi, sopas miso, rollos de sushi coloridos, arroces y tantas más texturas y aromas....
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En el corazón de la colonia más chic de la ciudad, una nueva botica luce discreta en Masaryk. Antes de la medicina que conocemos hoy, estos espacios se dedicaban a preparar y vender remedios con hierbas y especias de todo el mundo, algo así como la alquimia. Justo esa es la misión de Botica Masaryk: preparar cocina con inspiración del mundo, empleando técnicas japonesas, para ofrecer un “alivio” a tu paladar sibarita.
El recorrido cultural puede llevarte desde los sabores mexicanos, y nuestro amor por la salsa, hasta el ají presente en la cocina peruana. La experiencia comienza en la barra, donde los platos con nigiris preparados al momento no dejan de llegar. Iniciamos con el salmón escocés marinado y con puré de betabel, para seguir con el de jurel y ralladura de limón mexicana, el enoki de trufa con mantequilla y nuestro favorito: el de kampachi con ají amarillo y miel de abeja. Cada uno fresco y ecléctico, pero cumplidor. Funciona en ejecución y combinación.
Las texturas de cada nigiri acentúan lo fresco del pescado y la garnitura es el complemento sensorial o toque final; también destacamos que el itamae responde tus dudas y explica cada plato. Antes de llegar a la pesca del día, una sorpresa viene con el kimchi en lima donde se monta un callo de hacha con crunch de ajo, mantequilla y rocoto peruano. Éntrale como si "chuparas el limón", y verás el resultado de sabores.
En el apartado de bar, puedes encontrar desde un discreto negroni o martini seco hasta la...
En Japón, un izakaya es un lugar en donde puedes pedir comida y bebidas. Generalmente tienen mesas estilo occidental —es decir, las que nosotros usamos— y también salones privados con tatamis para que te sientes a comer en el piso. Normalmente, la onda de un izakaya es pedir al centro y compartir; así, los comensales pueden probar varias cosas.
Y eso es Izakaya Kura, o Restaurante Kura, un lugar de cocina japonesa tradicional, pero con sus tropicalizaciones por aquí y por allá; una de ellas es que sí tienen los saloncitos privados, pero tienen mesas estilo occidental en vez de tatamis (si no estás acostumbrado a estar hincado en el piso, seguramente no podrás echarte una sobremesa larga; sobre todo si tienes más de 30 años).
Cuando llegues a Kura, lo primero que te ofrecerán es un oshibori, una toallita caliente que sirve para limpiarte las manos. De ahí, te llevarán el menú. Como buen restaurante japonés, la carta es súper extensa, así que no dudes en pedir recomendaciones, aunque por mera curiosidad y para aumentar el bagaje cultural, sí te sugerimos que le des una leída.
Aquí tienen una gran variedad de sashimis y sushis; son una súper opción para empezar y para que te des un quemón con la calidad y la frescura del pescado. Y si quieres dejarte consentir, pide el omakase de nigiris, en el que el chef te mandará un plato variadito con lo mejor del día. Si prefieres algo calientito, el imperdible es el ramen. Aquí tienen las opciones tradicionales de cerdo o camarón y...
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