Restaurantes y cafés en la Cuauhtémoc

Opciones para comer en la colonia

Foto: Alejandra Carbajal

Hostería de Santo Domingo

4 de 5 estrellas
Recomendado

Aquí he probado el mejor caldo de res de toda mi vida. Que algo tan doméstico como un consomé de res servido en un restaurante logre múltiples dimensiones en el paladar, y te revele lo que siempre pensaste que debía de ser ese potaje pero nunca lo había alcanzado, habla en verdad mal de tus abuelitas, con perdón. Lo bueno es que tus abuelitas seguramente comieron aquí, cuando eran unas niñas y acompañaban a sus abuelos.

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J&G Grill

4 de 5 estrellas
Recomendado

Frente a la Diana podemos encontrar un pedacito culinario de Nueva York. El J&G Grill está adentro de uno de los hoteles más sofisticados de la ciudad, el St. Regis. El restaurante está iluminado por flores coloridas y luces fugaces que anuncian un viaje relámpago a la ciudad que no duerme; es elegante y moderno en acogedora normalidad. Es un buen lugar para impresionar a un jefe, consentir a tu date o celebrar el cumpleaños de tus papás.

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Casino Español

4 de 5 estrellas
Recomendado

Más que un restaurante, el Casino es una institución en lo que se refiere a cocina española. Es famoso por su ambiente fastuoso, por sus platos típicos, sencillos y abundantes –como la paella, la fabada y la tortilla de patatas– que invitan a la ingesta ilimitada de buen vino.

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Los Cocuyos

3 de 5 estrellas
Recomendado

No tiene sillas, uno come parado –debiéramos decir: arrimado– en la banqueta. El maestro taquero orquesta un micro circo de dos pistas: en la primera hierven, en aceite, el suadero, la tripa, la longaniza. En la otra se cocinan, al vapor, la cabeza y sus derivados: el cachete, la lengua, la trompa, el ojo. Este lugar es una leyenda secreta de los tacos callejeros. 

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Churrería el Moro

4 de 5 estrellas
Recomendado

La tradición de ir a comer churros a El Moro prevalece con los años. Este lugar ofrece una carta pequeña pero exquisita: hay malteadas, leche, café, refrescos y churros. Por si fuera poco, abre las 24 horas del día. 

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Nicksan

3 de 5 estrellas

He llegado a pensar que los restaurantes creen que para entrar en la categoría de “buen restaurante” necesitan tener en su menú tostadas de atún. Las he probado casi todas, y casi todas son iguales (con sus pequeñas variantes pero ninguna realmente sorprendente). El Nicksan no fue la excepción, y yo tampoco me hice del rogar y la pedí. Puedo decir que por primera vez, este ya abusado platillo me sorprendió.

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Las Tapas de San Juan

3 de 5 estrellas

Las porciones de las tapas son modestas, pero cada bocado vale la pena. No hay pierde, todas son recomendables; aunque las de queso manchego de cabra, sobreasada y jabugo lo son aún más. Las ensalada caprese es el complemento perfecto para evitar cualquier culpa, es fresca y viene con un aliño de aceite de oliva.

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El 123

3 de 5 estrellas
Recomendado

Muebles viejos de cocina, cubetas de acero galvanizado convertidas en lámparas, pesadas mesas y sillas de madera con respaldados de cuero gastado. Esa agradable estética de piezas antigüas-muy-cuidadas-y-seleccionadas- minuciosamente le ha servido de nuevo a los también creadores del Mog para ambientar esta cafetería-bazar de dos pisos (puedes comprar cualquiera de los artículos que te guste) cuyo menú es de inspiración asiática, sobre todo japonesa. 

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Roldán 37

4 de 5 estrellas
Recomendado

En La Merced, ahora en pleno programa de rehabilitación, la que fuera una bodega de chiles y casa ha sido remozada para albergar, abajo, un pequeño bar y, arriba, un restaurante de cocina mexicana 'de barrio'. 

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Bukhara

4 de 5 estrellas
Recomendado

Los propietarios y chefs vienen de India y desde algunas mesas hay una vista privilegiada hacia la Plaza de la Constitución. No hay que esperar un restaurante de lujo, pero sí una experiencia de lujo. Por qué visitarlo: por la vista al Zócalo, porque el bufet para niños cuesta sólo $65 pesos y porque por fin alguien entendió que la comida asiática no tiene por qué ser costosa. 

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Helus Tienda

4 de 5 estrellas
Recomendado

Insospechada tiendita de productos árabes en la parte Suroriente del Centro Histórico. Por afuera parece que no hay nada, que uno se equivocó de dirección; hay que entrar por un estrecho pasillo hasta llegar a este local tan especial que bien podría estar en algún país árabe. Esta es posiblemente la comida para llevar más original de todo el Centro. 

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Jekemir

4 de 5 estrellas
Recomendado

Desde 1938 aquí se sirve el café más famoso de la parte sur del Centro Histórico. Creo que el Jekemir es el tipo de lugar que frecuentaría Nahui Olin de seguir viva.

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El Cardenal

4 de 5 estrellas
Recomendado

El Cardenal en un auténtico clásico desde hace 43 años, cuando abrió sus puertas en las calles de Moneda y Seminario, para finalmente alojarse en un edificio porfiriano, cuyos cuatro salones cuentan con techos altos y columnas de cantera. Con una carta que busca "evocar la provincia mexicana", el menú cuenta con platillos atípicos, como son las exquisitas albóndigas de salmón o las láminas de atún sellado, delicias del mar hasta hace poco ajenas a la mesa mexicana. 

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Chomp Chomp

4 de 5 estrellas
Recomendado

Cuando un proyecto tiene la pequeña ventaja de ser auténtico y rico, evidentemente va a rendir frutos. Ahí empieza la historia de Chomp Chomp. Sus creadores iniciaron con Pan Comido, un lugar de comida vegetariana que, en pocos meses, se convirtió en una de las mejores opciones de comida orgánica en la Roma.

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La Pagoda

3 de 5 estrellas
Recomendado

Heredero de esos tradicionales cafés de chinos, ofrece porciones bien servidas y una enorme variedad de platillos: unas ocho sopas, 10 ensaladas, 10 carnes, cinco pollos y muchos antojitos, como enchiladas y chilaquiles. Entrada, sopa, plato fuerte y postre por menos de 150 pesos, y con la garantía de salir rodando.

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El Mayor

4 de 5 estrellas

Quizá las porciones no sean enormes y su costo inhiba pedir entrada, sopa y plato fuerte, pero la vista es inigualable para cualquier hecatombe: el Templo Mayor, la Catedral y la Plaza de la Constitución a tus pies. Además, su chef, José Perea, ha logrado darle una vuelta de tuerca a platillos típicos mexicanos y puedes encontrar en su menú delicias como las tostadas de pato con mole. Además, interesantes opciones de carnes, aves y pescados, y antojitos como las minitortas de cochinita pibil. La sopa de hongos tampoco queda a deber. En fin, este lugar tiene tantas delicias que, aunque uno no quiera, comes como si fuera la última vez. Esta terraza es sobria y relajada, muy cómoda para una tarde cualquiera. Junto a este restaurante está otra terraza más relajada aún, donde puedes pedir una baguete o un café, y disfrutar de la panorámica mientras se despide la tarde. Quizá los únicos inconvenientes son la música de elevador y que cierra temprano

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Limosneros

3 de 5 estrellas

Cerca de la esquina donde Bolívar y Allende se ven cara a cara, Juan Pablo Ballesteros, bisnieto del fundador del Café Tacuba, abrió un lugar que incorpora ingredientes y preparaciones tradicionales mexicanas con técnicas innovadoras. Los muros, construidos hace más de 400 años usando limosnas en especie: cantera, ladrillo, piedra volcánica o tezontle, eran llamados “limosneros”, y dan nombre y personalidad al rejuvenecido galerón que hoy presume una decoración moderna y elegante. El chef Marcos Fulcheri puede estar tranquilo de que su equipo de meseros sabe exactamente de lo que está hablando. No podría ser de otra manera con un menú diseñado por el propio Juan Pablo Ballesteros y la chef Lula Martín del Campo, ideal para maridarse con una refinada selección de cervezas y mezcales artesanales, con una amplia variedad de etiquetas mexicanas que completan la carta. Las entradas van desde un creativo cono de chicharrón de queso con cuitlacoche, unos suaves tacos de venado acompañados de una tersa salsa de pepita de calabaza o uno de mis favoritos, el tamal crujiente de acocil. La crema divorciada de frijol –bayo y negro– me quedó a deber, así como los tacos de jamaica, equis. Pero el pollito pambazo me reconquistó. Un tierno pollito de leche relleno con papas con chorizo, cocinado con alcaparras, es un platillo que me hará volver. De postre pide el volcán de chocolate con helado de hoja santa. Limosneros quiere ser lo mejor de su propia historia familiar, reinventado por la

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Helus

4 de 5 estrellas
Recomendado

A decir de los propios trabajadores, es la primera panadería árabe del país, fundada en 1936, en Puebla. Trece años después, contra toda predicción por tan cabalístico número, abrieron una sucursal en las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México. Si éxito es tal que siempre está lleno y hay que hacer fila. Vale la pena. Está en República de Cuba, a cuadra y media de Pino Suárez, esa calle que comienza donde termina el Palacio Nacional, en pleno Zócalo. Entre locales de peleterías, tiendas de telas y plásticos para fabricar bolsas y cinturones, para forrar cojines, es posible pasar frente a Helus y no darse por enterado, pues es una entrada tan ancha como cualquier puerta y un largo pasillo hasta el pequeño local donde dos mesas son suficientes para llenar todo el espacio que dejan los hornos, vitrinas y demás muebles de la cocina. Para los primerizos y advenedizos, las empanadas. La “típica” de jamón y queso es deliciosa aunque sea tan simple como combinar jamón, queso y pan árabe. Me gustó tanto que sólo me comí una, pues todavía había que probar la de queso con rajas y otra más de espinacas con jocoque. Tan suculentas que agradecí no haber desayunado. Luego, un par de kepes (una especie de albóndiga de cordero) con jocoque y tabule (una ensalada en la que predomina el perejil). Para rematar, unos dedos de novia, un dulce típico de nuez y nata que sólo conocía por cierta cafetería de nombre árabe. De hecho, Helus les surte a esta cafetería y a varios restaurante

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Danubio

4 de 5 estrellas

En 1936 abre sus puertas sin que el tiempo pase. De raíces vascas, este restaurante ha servido suculentos langostinos a la plancha a presidentes, aromáticas sopas de mariscos a celebridades, percebes frescos a plebeyos, y angulas y langostas a caciques de barrio. Así lo reflejan las servilletas autografiadas que llenan sus paredes. Debes conocerlo.

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La Vasconia

3 de 5 estrellas

Desde hace tiempo me gusta comprar orejas aquí, y también algunos pastelitos, pero apenas hace poco me enteré de que se trata de la panadería más antigua de la ciudad, instalada en la esquina de Tacuba y Palma ni más ni menos que en 1870, cuando una migración importante de vascos hizo posible la “mexicanización” de las piezas de pan dulce de Euskadi, particularmente del valle de Baztán. Además del rico pan dulce tienen platillos salados como empanadas de bacalao, comidas corridas y hasta enchiladas de mole, ¿por qué no?

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Tintico Café

3 de 5 estrellas

Visité Colombia en un instante comiendo en Tintico, en el Centro. Para desayunar recomiendo la icónica arepa de huevo, un ensamble mágico de harina de maíz que, bajo una fina cubierta crujiente, alberga un huevo frito; acompáñala de un sorbete de mango, maracuyá o guanábana y un tintico (café negro). A la hora de la comida ofrecen numerosas entradas de todas las regiones de Colombia, como las empanadas vallunas, del Cauca; o los patacones y las carimañolas, de la Costa Atlántica.

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Rinconada

4 de 5 estrellas
Recomendado

Uno de mis favoritos. Está enfrente del Museo de la Ciudad de México. La plaza es una de las más bonitas del primer cuadro y la casa es una de las más interesantes por sus años en pie y de las pocas del siglo XVI que quedan en el DF. En el piso de abajo hay un pianista en ocasiones y arriba se comen las comidas corridas, que no son baratas pero tampoco carísimas ni mucho menos malas. Los postres destacan. El sonido de los pajaritos, encantador. Ideal para celebrar un cumpleaños. A un ladito venden tacos de guisado que no recomiendo desdeñar.

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Café Río

3 de 5 estrellas
Recomendado

¿Por qué habré puesto que el consumo promedio es de 100 pesos? Para que te animes a gastártelos en dos o tres tazas de café espresso, un pancito y una buena propina. Si te sobra, úsalo para el taxi de regreso. No dejes de tomarle una foto a la foto que hay en el espejo, en la cual aparecen dos clientes del Café Río: el ingeniero Slim y el expresidente español Felipe González. Se trata de una cafetería chiquita, que suele pasar inadvertida para todo el mundo, pero cuando uno entra, te transportas a otro tiempo, por más trillada que suene esta frase. El café es fuerte. Las mesitas encantadoras y los parroquianos silenciosos (así que nada de citar aquí a tu ex o a tus papás).

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Café La Parroquia

3 de 5 estrellas
Recomendado

Ya habían abierto una sucursal de la mítica cafetería jarocha (¡con más de 200 años!) en Insurgentes Sur, pero una sucursal en el centro de la ciudad supone un acontecimiento más especial. Lo confirman las filas de gente que quieren entrar por la mañana, tarde y noche, de lunes a lunes, todo el tiempo, para probar un lechero con una bomba (concha con mantequilla) como si estuvieran en pleno malecón veracruzano. Los nostálgicos notarán que esta cafetería se localiza en el mismo lugar donde por años y años estuvo el famoso Bar León.

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Triana Café Gourmet

3 de 5 estrellas

El Mercado de San Juan es enorme, es absorbente y tiene toda la frescura gastronómica. Para tomar un cafecito ahí, lo mejor es el Triana Gourmet, dentro de un local verde fosforescente con una barra naranja cósmico. En sus paredes cuelgan fotos de los reconocimientos que han recibido a escala internacional.  Usan dos tipos de grano: un tostado oscuro italiano marca Bacio y otro de Coatepec, Veracruz, de sabor muy intenso. Además, tienen un molino industrial que permite que el olor inunde todo el establecimiento, así como una máquina italiana de filtrado bastante sofisticada. Tomé un espresso doble cortado al que no le llaman macchiato. El resultado fue muy reconfortante, un sabor penetrante ligeramente achocolatado y amargo. Además, el arte latte aquí está a todo lo que da, hacen cisnes, copos de nieve y hojitas de árboles. Otra cosa recomendable son los lecheros típicos de Veracruz o los carajillos, a un precio sumamente accesible. La oferta gastronómica no es muy abundante, pues el local no cuenta con cocina. Venden cuernitos y panadería sencilla, cupcakes caseros sin ningún tipo de betún cremoso y polvorones de nuez. En realidad, el Triana es como de pisa y corre. Un antojito de echarse un espresso y a seguirle, a menos que quieras sentarte un ratito en la barra, pero las sillas no están muy cómodas. Para el postre o el break en el Mercado de San Juan, Pablo y Mary, hermanos y dueños, te esperan con una sonrisa en el Triana.

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Comentarios

1 comments
Yao Díaz

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