¿Quieres descubrir nuevos lugares para comer? Sabemos que tienes tus favoritos, pero siempre te puedes sorprender por los nuevos proyectos gastronómicos en la ciudad. Encuentra los nuevos restaurantes que visitamos en diferentes zonas de la CDMX.

Publicidad
15 Lugares para comer en la Ciudad de México recién reseñados
Estoy muy segura de que un Chicago Dirty Martini y una ensalada César de Nota son dos elementos esenciales para la cura de cualquier mal.
Nota Tavern es una taberna italoamericana inspirada en la cocina de Chicago. Tiene todas las vibras de una película de gángsters, pero de las clásicas; como si fueras a encontrarte a Frank Sinatra sentado con Tony Camonte en la mesa de al lado. Ese feeling proviene de un diseño elegante, serio y actual.
Al fondo está la barra, que se antoja para un date contigo mismo, para tomarte un trago mientras ves trabajar al bartender. El salón, aunque espacioso, mantiene la sensación de estar en un restaurante acogedor. El toque llamativo lo aportan las columnas de la entrada, que parecen romper con el diseño, pero que, a la vez, le dan toda la onda.
En el menú están los clásicos de la cocina italiana de Chicago: cortes de carne, pastas y, por supuesto, pizza, pero no esperes encontrar la deep dish, que es la favorita de los turistas. Acá hacen la que prefieren los que saben, los locales. Es de masa súper delgadita, resultado de una fermentación larga, y se corta en cuadros pequeños para que los puedas tomar cómodamente con la mano.
Nosotros probamos la de pepperoni, la consentida de Nota, hecha con pomodoro casero, una cantidad muy generosa de pepperoni y mucho mozzarella rallado. Una pizza rica que, si acompañas con los encurtidos caseros, se vuelve aún mejor.
Además, nos recomendaron la One Sheet Lasagna, dos láminas de pasta rellenas de ragú...
Esta no es una galería ni una cafetería ni un estudio de arte ni un bar de cocteles, pero tiene algo de todo eso. Alfarera, según las palabras de sus creadores, es un espacio que busca invitarte a imaginar y reflexionar en torno al arte. Curiosamente se ubica en Tonalá, una región famosa por su tradición cerámica. Desde la calle solo se ve una inocente puerta con trozos de barro incrustados, luego, al subir la escalera, descubres que la casa es mucho más grande de lo que pensabas, y que cada centímetro tiene algo qué observar detenidamente.
En esta casona de 1924 se une el arte, el café de especialidad, un taller de cerámica (Cara de Planta) y gastronomía para que te sientas inspirado en cualquiera de éstas áreas. Un espacio multidisciplinario en el que a partir de los jueves habrá exposiciones y eventos que reunirán a la comunidad creativa, unas veces de poesía, de artes visuales o de música.
Si lo visitas durante el día, puede ser un gran lugar para dejar el celular a un lado y sentarte a platicar, leer o, por supuesto, dibujar. De su barra salen bebidas coquetas que son inventos de la casa, como el Latte Nube (doble espresso, caramelo salado, leche y foam especito), otros se preparan con houjicha o matcha en múltiples formas, ya sea con durazno, fresa o calpis. No soportamos lo bellas que son las tazas, y es que la vajilla también proviene de varios estudios cerámicos, de hecho muchas están a la venta. Ya encuentras panqués y galletas caseros, y próximamente...
Publicidad
Cuando llegas por los mariscos y te quedas por las rolas y las margaritas. El DF sigue vivo en nuestro corazón, y en el nombre de la última apertura a un lado del monumento a la Revolución. El Distrito Fresco no es marisquería, tampoco bar ni cantina, sino todo a la vez.
Esta esquina reúne la dosis justa de nostalgia entre el mobiliario y plantas tropicales que le dan un aire playero aunque afuera se esté cayendo el cielo. Para ambientarnos mientras tarareábamos las cumbias pegadoras a cargo del DJ, pedimos unas margaritas DF. No soy muy de tequila pero algo tiene la versión slushy (y su textura tipo ICEE) que me provoca querer tomar 5 seguidas (ey, hágalo bajo su riesgo). Aquí la preparan con tequila Cascahuín, licor de naranja, sal de Colima y cítricos. Otros tragos que recibieron elogios fueron el clamato de la casa y la Acapulcolada. Debes saber que casi todos los cocteles llevan destilados mexicanos.
Por su parte, detrás del menú de alimentos están los chicos talentosos de Nogal Nogal. La carta tiene su lado marisquero y su lado de tacos y antojitos cantineros. Seguramente verás llegar a muchas mesas el ceviche con calamares fritos. Cómelos inmediatamente para dimensionar la textura crunchy sobre la frescura de la leche de tigre. Nos recomendaron probarlos sobre los tacos zarandeados de papa y esa combinación es un agasajo. Seguimos con otra insignia del lugar, los camarones cucaracha. Camarones cocidos alrededor de una salsa piri piri para dipear. Bien sazonada,...
Bienvenidos a la fantasía pop de Japón. Y todo comienza desde el nombre: hace falta haber nacido en los noventa o antes, o ser ligeramente otaku, para hacer la conexión entre el nombre de este restaurante y Ranma ½, el manga de Rumiko Takahashi que comenzó a publicarse en 1987 y ganó popularidad cuando se adaptó al anime. De hecho, en Ranma ½ tiene una relación cercana con la comida y parte de los escenarios cotidianos en los que se mueven sus personajes son lugares para comer. Así, el nombre funciona como referencia nostálgica y comienza a delinear lo que está por venir.
Llegar al lugar cumple ese lugar común de “un pedacito de Japón sin salir de la CDMX”, porque aquí lo llevan a una realidad simbólica. La entrada al restaurante, que está en la planta baja de un edificio de la Zona Rosa (ojo con la ubicación, que tampoco es casualidad en medio de restaurantes de cocina asiática), está llena de espejos por todos lados; bajar las escaleras se siente como entrar a otro universo, en donde se devela una decoración de superficies metálicas reflejantes, negro brillante, formas curvas y más espejos que aportan una vibra retrofuturista. También desde la entrada podrás ver el luminoso de un Tamagotchi; referencias que estarán presentes por todos lados y le ponen el toquecito kawaii a la visita.
La música no se queda atrás: podrás escuchar algunas referencias del city pop, como Anri con Windy Summer, para evocar el mero imaginario japonés ochentero, o subirte al tren del revival...
Publicidad
La Juárez está estrenando un nuevo lugar de cocina thai: luces de neón por fuera, colores brillantes —pero a la vez elegantes— por dentro, y toda la profundidad de la cocina callejera tailandesa en la mesa. Se trata de Kab Khao, que tiene al frente a la chef Amy Khumyouang (Tiin Thai) y, como uno de sus socios, a Rodrigo Torices, aka Toro (Chubbies Burger, Fat Bastard, Brass Monkey y más). Spoiler: te recomendamos llevar pantalones de resorte.
Kab Khao tiene toda la vibra del street food, pero conserva cierta calma, incluso cuando, a solo dos semanas de su apertura, suele tener bastantes mesas ocupadas. La elegancia forma parte de su personalidad, pero es una elegancia cómoda, de esas que invitan a no tener miedo de pedir que te expliquen los platos del menú.
Acá las porciones son generosas y están pensadas para compartir, algo que también ayuda a que la experiencia se sienta más relajada. Así que, para nosotros, la mejor estrategia es la siguiente: empezar con un par de drinks (o, en su caso, cocteles sin alcohol), y luego entrarle con todo al menú.
Uno de nuestros tragos favoritos fue el Pandan Coconut Cooler, preparado con agua de coco, pandan (una planta originaria de Asia que se utiliza como saborizante y cuyo perfil Toro describe, muy acertadamente, como “la lechita de los Fruit Loops”), limón y agua mineral. Si prefieres algo con piquete, prueba la Phuket Colada, una versión de la piña colada preparada con ron añejo, crema de coco, jugo de piña asada, galanga y...
El Kiosko Morisco está rodeado (literalmente) de historia en esta colonia al norte de la ciudad, que todos conocemos por su encanto de barrio y librerías atrapadas en el tiempo. La nueva sucursal del Moro, entre la esquina de las calles Jaime Torres Bodet y Salvador Díaz Mirón, es ahora vecina del Museo del Chopo y la Alameda de Santa María.
Podrás partir de los clásicos churros con azúcar y sin, el chocolate espeso como si de especialidad española se tratara y sus emblemáticas malteadas; puede ser tu punto de reunión o el local para esperar a tus amigos e iniciar la aventura en el rumbo. Los consuelitos con helado de fresa, chocolate y vainilla siguen siendo los favoritos para iniciar la tarde con café lechero.
Si de generosidad hablamos, están las tortas (cuando pruebes la de pierna con mole, sabrás lo que te decimos), que jamás fallan junto a un café de olla o agua de horchata, que todavía sabe a lo que debe, afortunadamente.
Publicidad
A veces, la cocina es una sensación: el caldito reconfortante que te abraza luego de una enfermedad, los mariscos picosos de los domingos, el pancito cuando se suelta la lluvia. Así es Arrocería Victoria, algo que se siente. En medio del encantador y caótico Mercado de San Juan, existe una barrita que parece bien mexicana, pero que presenta, de manera súper casual y accesible, lo más rico de la cocina española. Un vermut, unas gildas, platicar con el vecino y nada más.
Arrocería Victoria es un proyecto de Elizabeth Delgado y su pareja, el chef Manuel Victoria (Ajoblanco). En apenas cuatro meses, ya han logrado que el proyecto se convierta en un punto de encuentro de la industria restaurantera capitalina con su iniciativa Arroz Compartido, en la que reciben a algún o alguna chef invitado y arman un menú colaborativo. Lo anterior ocurre algunos lunes y se anuncia a través de Ig: arroceriavictoriamx. Pero si es tu primera vez en Arrocería Victoria, vale la pena conocer su menú fijo.
Sería falso atrevernos a recomendar un solo plato, porque todos valen la pena: croquetas, huevos rotos, paellas, fideuás, lechón, tortillas, montaditos y hasta la guarnición de pan de masa madre que te sirven con un plato de aceite de oliva y lajas de sal. Todo es un gozo, casi equiparable con ver a Manuel y Elizabeth trabajar dentro de ese espacio de tres por tres metros: “voy atrás”, “¿apagaste la plancha?”, “ya marqué el arroz” y otras formas de comunicación no verbal logran que el servicio en...
Si la magia, la astrología, la fantasía y el arte forman parte importante de tu vida o te dan curiosidad, este lugar te va a encantar. Date una vuelta por la tienda donde encontrarás todo tipo de objetos esotéricos, como cartas de adivinación (oráculos, tarot y hasta un I-ching en versión de cartas), así como colecciones de cuarzos, ilustración, esencias y libros.
Del otro lado del local, es una cafetería con un extenso menú de bebidas de la casa que fueron creadas con mucha intención, a las que llaman “pócimas” o “elíxires”. Probamos el Brujiccino, un capuchino muy original que lleva café, jarabe de lavanda, otras hierbas aromáticas y llega con una rama de canela encendida para que desde el aroma te estimule los sentidos.
Por su parte, el menú de desayuno o almuerzo se compone de platos coloridos que buscan nutrirte; de hecho hay bastantes opciones veganas o vegetarianas, como el toast de aguacate y hongos, muy recomendable en esta temporada de lluvias.
Pero la cosa no acaba ahí, la cafetería se deriva del taller Cerámica Libertad, que está a un lado, en un piso superior. Checa sus diferentes planes si te interesa aprender cerámica desde cero y a tu ritmo en un ambiente lindo y suficientemente silencioso para estar en pleno Insurgentes. Aquí te dan todos los materiales y te guian paso a paso. También ofrecen otro tipo de talleres brujiles como velas mágicas o herbolaria, además de técnicas artísticas como acuarela o dibujo. Visita el showroom de Cerámica Libertad, sus...
Publicidad
Pizzas estilo Milán con insumos traídos de Italia y una cocción perfecta: eso es lo que hace que las rebanadas de FAME se hayan vuelto famosas. Con nuestra eterna curiosidad y un estómago enorme, quisimos probar sabores más allá de la pizza margarita o la Chicago.
Aquí la cosa es sencilla: pides, esperas tu rebanada, la acompañas con una caguamita o vino en lata y, si te sobra apetito, te avientas un postre y te vas. Eso sucede en alguna de las tres coloridas mesitas fuera del mostrador, tal como pasa en Milán o en cualquier parte de Italia donde esta forma de disfrutar nació y es popular.
La idea, según los socios Leo, Daniela y Allan, es "traer el sabor original milanés de las calles, ese munchies después de la fiesta o para el bajón, que es abundante, bien servido y de gran sabor". Estas pizzas al trancio están pensadas para que la rebanada de masa gruesa sea esponjosa por dentro y crujiente en la base. Mucha salsa y queso no pueden faltar.
Iniciamos con una rebanada de la llamada Prosciutto, con arúgula, tomate cherry y grana, bastante ganadora por su tamaño (grueso y quesoso), nos dimos a la tarea de maridarla con una lata de vino rosado Livin, donde lo frutal contrasta perfecto con lo salado y la grasa. Para aderezar, las salsas van del picor normal al habanero afrutado que sí pica.
Seguimos con la rebanada más pedida, la Coto e Carciofi; aquí la estrella es la alcachofa bien cocinada y ese prosciutto al que le dan su espacio de cocción entre el queso y la base....
El nombre de Casa Zarina no es casualidad. Refleja dos valores muy relevantes para el proyecto: la sensación de hogar y la obra de Zarina Hashmi, una artista nacida en India que terminó asentándose en Estados Unidos después de una vida de movimientos y mudanzas, cuya obra dejaba ver el anhelo por regresar a casa.
Esta intención artística resonó con Ximena Alba Rosas –una de las fundadoras de esta cafetería– quien también ha vivido muchas mudanzas y que, al abrir Casa Zarina, tenía algo claro: quería que se sintiera como su lugar. Así, la vibra hogareña se convirtió en el sello del proyecto, y la decoración es congruente con ello: lámparas, bancos, libros que han donado los vecinos y que ahora puedes tomar o intercambiar, hasta un perrito, Heppner, que ya es el gerente del café.
La operación también queda en familia. En el servicio están Ximena, Luis Romero, su socio y pareja, y Alejandra Gaitán, a quien Ximena conoció durante la especialidad en museografía. También participa la mamá de Luis, encargada de elaborar los postres (spoiler: sí saben a abrazo materno).
Llegar a Casa Zarina es como llegar al comedor de tu mejor amiga: hay bebidas de café ricas y reconfortantes, sándwiches que llevan por delante la confección casera y postres de mamá. El comedor se presta para muchas cosas: una tarde de chisme, resguardarte de la lluvia, sentarte a leer un rato, hacer home office o buscar un poco de paz en las jardineras que están sobre la banqueta. Así como se siente este café,...
Discover Time Out original video
Publicidad



















