Nativo Taller Gastronómico, cocina mexicana contemporánea en Planco
Foto: Alejandra Carbajal
Foto: Alejandra Carbajal

Restaurantes y cafés en Polanco

Las mejores opciones para comer y tomar café en esta zona de la CDMX

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Polanco es una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México. Puedes visitar desde tiendas exclusivas, museos en Polanco; el museo Soumaya, uno de los más importantes de la ciudad por su impresionante arquitectura, galerías en Polanco para conocer artistas veteranos y emergentes o dar una vuelta por el parque Lincoln

Las opciones no terminan ahí, si estás en el mood fiestero visita los mejores antros y bares en Polanco o alguno de los 15 lugares imprescindibles de Polanco que seguramente no te decepcionarán. 

Pero lo más importante es la hora de la comida, así que si andas por la zona y te ruge el estómago, no dudes en visitar alguno de los lugares de esta lista. 

Recomendado: Los 50 mejores restaurantes en la CDMX

Dónde salir a comer en Polanco

  • Cafés
  • Polanco
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
¿Cuántos postres te han dejado sin palabras por su belleza? Acaba de llegar a México un proyecto nacido en Guadalajara que, no hay duda, será la sensación de Instagram. La Postrería es el “restaurante de postres” del chef Jesús Escalera, quien ha trabajado con los mejores reposteros del mundo como Albert Adriá o Jordi Roca. Jesús fue reconocido como Best Pastry Chef en los 50 Best Restaurants Latinoamérica 2018 gracias a que va más allá del postre como un mero conjunto de elementos dulces. Sus creaciones juegan con todo tipo de ingredientes (incluso salados que jamás los pensarías en un postre) y técnicas experimentales para lograr creaciones que no pierden el balance en sabor. Sin olvidar que las vistas invitan a contemplarlos con fascinación, al menos durante el tiempo de su efímera existencia.  ¿Cómo funciona? En La Postrería hay dos tipos de postres, los de vitrina, que están listos para comer o que los lleves a tu casa, y los “postres al plato”, que son los que se preparan al momento y debes consumirlos en el lugar. De hecho, en esta sucursal puedes ver a través de una ventana cómo los chefs Sergio Calderón y Arturo Magdaleno hacen que cobren vida. Para mí, el más lindo fue el “Bosque”: un trío de hongos rosas con consistencia de merengue plantados sobre una tierra de pistache, eucalipto y frutos rojos, con helado de té limón y cremoso de matcha escondido entre la tierra. Más tierno, imposible.  Otro plato precioso e innovador se llama “flor de vainilla”, lleva,...
  • Polanco
  • precio 2 de 4
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
Murakami
Murakami
Uno sale de Polanco y entra a Japón. Así se siente la atmósfera de este restaurante en Torcuato Tasso. A la una de la tarde entre semana, se escucha incluso el sorber de tallarines que hacen algunos japoneses que trabajan por la zona. La carta ofrece opciones para todos los paladares, desde los más exigentes y conocedores hasta para quienes aún se asustan por ver pescado crudo sobre sus platos. Tan relajado y pacífico es el ambiente de este pequeño restaurante con apenas siete mesas en el interior, tres fuera y dos planchas de tepanyaki, que uno puede tomarse el tiempo de revisar a detalle la carta que incluye ramen, arroces, sopas, sashimis, sushis y el tradicional shabu-shabu. Vale la pena dejarse sorprender por un platillo de atún fresco con especias sobre una cama de arroz blanco, se llama Karazumaa y es una explosión de sabor y frescura al primer bocado.
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  • Polanco
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
Ekilore hace referencia a la "flor del sol" o eguzkilore, un cardo que crece en territorios del país Vasco y, según las leyendas antiguas, se cree que protege contra malos espíritus y brujas al colocarla en la puerta de las casas.  Convenientemente, este restaurante cambió su ubicación, del norte de la ciudad al nuevo sitio, a un lado del Centro Vasco, en Polanco. Su gran barra de pintxos, las vigas de madera y letreros en euskera asemejan una taberna vasca. “Todos los que entran a esta casa, se vuelven de esta casa” nos explican que versa el mensaje sobre la barra de la entrada y es cierto. El chef Pablo San Román se pasea entre las mesas contagiando su buen ánimo e invitando a probar algo que difícilmente encontrarás en México: sidra de manzana servida del tonel. Para llegar al barril hay que bajar a la cava, en el sótano del restaurante. Al abrir la llave sale el chorro de sidra a presión y debes formar tu vaso para probar esta bebida que no es como las sidras comerciales; si te gusta la kombucha, tiene cosas parecidas, con esa efervescencia natural y un suave sabor fermentado. Acompáñala de unas croquetas de chipirones en su tinta, que además del sabor intenso, son súper vistosas por su color negro.  En Ekilore el chef vuelve a las recetas de su pueblo con platos potentes en sabor, como el chuletón de vaca vieja o el pescado a las brasas al estilo Orio: una gran pieza de pescado con la salsa vasca preparada con ajo, perejil, cayena, vinagre y mucho aceite de oliva de...
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  • Polanco
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
Casa Teo
Casa Teo
La sutileza del diseño y la pasión de una cocina convergen en este mismo espacio. Casa Teo es la residencia gastronómica de Enrique Olvera, situado en lo que era parte del antiguo Pujol, y abierto al público para rentarse en Airbnb por una noche o para asistir a un taller de comida. Es un referente minimalista no solo a la vista, sino que cumple con la frase “menos es más”: hay dos tranquilas habitaciones (doble y sencilla) con escritorio, guardarropa y baño completo; un pequeño librero que resguarda los libros de cocina preferidos de Enrique y la cautivante y muy bien equipada cocina con utensilios que le hacen ojitos a todo amante de la gastronomía. Además de rentarla para vacacionar por Polanco, te puedes apuntar a los talleres y clases tanto con el mismísimo Olvera como con el chef residente, Jesús Durón (Noirmoutier, Francia; Carolina, St. Regis Punta Mita). Ojo: las inscripciones vuelan como pan caliente. Piérdele el miedo al horno, saca esa metate e inspírate por estar en el —técnicamente— hogar del chef del tercer mejor restaurante del mundo. Recomendado: Enrique Olvera: 20 en 2020.
  • Heladerías
  • Polanco
  • precio 1 de 4
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
Gelatoscopio
Gelatoscopio
**En cambio de locación** De niño necesitas lugares mágicos: un árbol gigante, un terreno baldío, las jugueterías y papelerías, los cines (¿recuerdan el Continental, con su fachada de castillo?) y, por supuesto, las heladerías, que cuando son tan juguetonas y sofisticadas como Gelatoscopio, nos devuelven esa magia también a los adultos. Este alegre local con diseño de Esrawe + Cadena presenta postres helados creados por Fernanda Prado, ex directora de Espai Sucre —asociada con Tatiana Ortiz Monasterio—, en los que cada complemento refuerza o contrasta el sabor principal, para quedar a medio camino entre el postre de restaurante y el de vitrina. Todo se elabora con ingredientes naturales, con la técnica italiana del gelato, que la chef Prado perfeccionó con el experto Angelo Corvitto. Me conquistó su té verdísimo, un helado de matcha apenas amargo, balanceado con crujientes palomitas acarameladas, caramelo salado y cono de mantequilla, inspirado en el genmaicha (té verde con arroz tostado). También amé su elegante sueño de lavanda, con sorbete de lavanda, duraznos y algodón de azúcar mentolado, y el key lime, que recrea el clásico pay con un sorbete de limón amarillo cubierto con merengue flameado y crumble de almendra. Luego regresaré por los de chocolate, fresa, lichi y, cuando pruebe todos, me quedarán sus malteadas y especiales de temporada: qué felicidad.
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  • Italiana
  • Polanco
  • precio 3 de 4
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
Un jardín vertical, una fachada cubierta de hierba. Arquitectura contemporánea en armonía con muebles rústicos y antiguos. La cocina principal, un salón rodeado por vidrios, pone al descubierto el trabajo de los cocineros al preparar los alimentos, las pizzas, o al sacar del horno la variedad de panes italianos. Se puede comer en la cava, para ocho personas, en alguno de los salones del segundo piso o en la fresca terraza en el tercer nivel, que fue donde escogí mesa.De entrada elegí lo que esa temporada dictaba (pues el menú cambia constantemente): la sopa de chícharo con gnoccis –un pequeño tazón con siete gnoccis bañados de caldo de chícharo intenso, delicioso–. La elección de los platillos fuertes fue difícil: ¿guachinango al vapor?, ¿pizza gourmet recién salida del horno? Me incliné por la monumental presentación de la chuleta de ternero que, sin embargo, me resultó escasa en carnes y abundante en nervadura. Pero no se deje guiar el lector por mi experiencia: es la evolución de su menú lo que interesa. Los platillos se van adaptando a los gustos y las temporadas, y lo que permanece es la calidad en la preparación de alimentos. El postre reclamaba algo fresco. Dudé entre la vera panna cota o la selezione di gelati e sorbetti, servidos en copa de cristal alargada con tres bolas: stracciatela, vainilla y licor de crema irlandesa –se recomienda mezclar un sabor con el otro–. Para finalizar está la oferta de Limoncello, y su delicada sugestión de cítricos como digestivo. Y...
  • Polanco
  • precio 3 de 4
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
Dulce Patria
Dulce Patria
Comer en Dulce Patria es volver a ser niño. Cada plato creado por la chef Martha Ortiz es una reinterpretación de los sabores que las abuelas mexicanas han llevado a las mesas por años. La diferencia reside en la elegancia con que se sirven. Delicadas perlas de chicharrón que recuerdan a una jugosa gordita de puesto. Un desfile de panes de mole, chipotle o violeta. Postres como el esquimo contemporáneo, un granizado coronado con grajeas y galletas de animalitos, ante cuyos colores, es imposible no sonreír. Entre los ejecutivos que acuden a la hora de la comida parece imposible volver a la infancia, pero basta ver los rostros de alegría para saber que en cada mesa dispuesta en el piso rosa mexicano, todos, igual que tú, están pensando en mamá.
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  • Polanco
  • precio 3 de 4
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
Lincoln
Lincoln
Ícono de Polanco, la Casa Domit abrió sus puertas (ventanas y terrazas) de nuevo este año para dar vida a un triple proyecto gastronómico. La fachada, con trabajos elaborados en cantera tallada y herrería, sorprende al ojo no entrenado en los movimientos neobarroco y rococó. En el interior, una escalera de doble rampa es la ruta de acceso a Lincoln, restaurante que ocupa la parte superior y que toma su nombre del parque de enfrente de la casona. Arriba, los tonos turquesa de los sillones y del piso, automáticamente se adueñan de tu filtro visual. Un enorme vitral de colores decora la parte posterior del bar, donde se encuentra un par de mesas para dos personas con sillas vintage que invitan a pedir un whisky y filmar una escena de Mad Men. Destaca la distribución funcional de las mesas y la pequeña terraza para fumadores con vista al parque. La sensación es más bien de un espacio redondo, cómodo y elegante. Fran López Abad es el cocinero –como él se hace llamar– y el encargado del menú, que sin ser extenso refleja en buena medida el distintivo de Lincoln: productos de temporada. Los platillos son internacionales con énfasis en lo español y lo mexicano. Hay dos sopas, de lima o de cebolla. Para la entrada puedes elegir entre croquetas de jamón ibérico, tortilla española con queso gorgonzola o un exclusivo jabugo de 36 meses de maduración. El segundo tiempo se divide en pastas y arroces, y carnes y pescados. La variedad merece una lectura detallada. El arroz con butifarra,...
  • Cafés
  • Polanco
  • precio 1 de 4
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
Amati Deli
Amati Deli
Más alegres que buenos son los días desayunados en Amati, este pequeño deli, juice bar y cafetería de tonos blancos y amarillos que te despiertan la pupila. Amati significa disfrutar de la comida en náhuatl y amado en italiano, dos ideas que se me antoja combinar. Se encuentra entre los griegos Arquímedes y Heráclito, una de las partes caóticas de Polanco que no amaina más que de madrugada; pero a tempranas horas cae ideal entrar a este deli por un café, un jugo o un petit déjeuner (desayuno en francés) antes de seguir en la locura.  La decoración es muy original con detalles en madera, conservaron la pared de ladrillo pero está perfectamente recubierta en pintura blanca, se siente demasiado limpio. Sobre las mesas hay un par de plantas y las sillas son metálicas; el diseñador de interiores es un genio pues además de aprovechar los espacios al máximo en un local tan pequeño, logró un concepto contemporáneo con un tono de personalidad muy marcado que grita comodidad y siéntete en casa. Lo malo es que no te quieres ir cuando terminas tu café. A la derecha de la entrada están dos refrigeradores abiertos con los munch y los delis, las estrellas de la modalidad de servicio de Amati, otra genialidad pues el flujo es muy práctico: entras, eliges del refrigerador u ordenas en la caja, pagas y te vas si llevas prisa, si no, te sientas y relajas un rato las ideas. Para pedir es más fácil de lo que el menú te hace creer, pues aunque tienen muchas opciones, sólo tienes que saber dos...
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