Maximo Bistrot
Alejandra CarbajalMaximo Bistrot

Restaurantes y cafés en la Roma

Las mejores opciones de esta colonia de la CDMX para ir a comer o tomar un café

Escrito por
Time Out México editores
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Esta colonia, vecina de la Condesa, fue elegida el año pasado por los infalibles editores de Time Out como uno de los 50 barrios más cool del mundo. Y no es de extrañarse, ya que entrar en la Roma es como entrar en otro pequeño universo en la alcaldía Cuauhtémoc. 

Encontrarás tesoros de todo tipo, desde Antros y bares en la Roma para amantes de la fiesta, el top 10 Restaurantes en la Roma para que pruebes todo tipo de platillos extravagantes y deliciosos postres hasta librerías, museos, cantinas, tiendas de discos, mercados, teatros y cafeterías que entran en la lista de los 15 lugares imprescindibles de la Roma.

Checa la lista y elige tu lugar favorito para pasar una tarde traquila tomando café o devorando un exquisito platillo. 

Recomendado: Los 50 mejores restaurantes en la CDMX

Lugares para comer en la Roma

  • 3 de 5 estrellas
  • Restaurantes
  • Roma

Lo primero que me atrajo a Katsu Sando fue una ñoñada: me enteré de que el diseño interior era de la rifadísima Alejandra Medina ( Wine Bar by Concours Mondial de Bruxelles , Migrante ). Y, para el ojo, este restaurante sí fue una dicha: mantener una vibra informal y dominguera, había detalles elegantes e instagrameables como las grietas del piso de concreto, todas pintadas con dorado, que combinaban con los detalles también dorados del techo y de la barra que antecedía a la cocina abierta. La onda de Katsu Sando –como su nombre lo dice- son los sandos, estos sándwiches japoneses hechos con un pan de caja que se hace con leche. Gracias a esta receta, el pan queda mucho más esponjoso y sabroso de lo usual. Además, los sandos se sirven cortados por la mitad, para que te dejes seducir por el relleno, que debe de verse guapo, y van sin orillas. Y, en este restaurante, también hay algunas opciones de ramen (entre ellos el vegano) y varias entradas. Para acompañar los alimentos tienen sakes, vinos y cervezas japonesas y mexicanas. Yo me fui por un sake, que me sirvieron frío y en una copa preciosa, que combinaba perfecto con la belleza del diseño interior. Para abrir el apetito empezamos con unas brochetas de hongos que venían con unas laminitas de bonito ahumado encima. Fueron riquísimas y perfectas para comenzar; el sabor ahumado le daba toda la onda a este plato. Después seguí con un sando de portobello, y mi acompañante pidió un tonkotsu ramen, el tradicional de cerdo. El sando

  • 4 de 5 estrellas
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Hay pocas cosas tan íntimas como el omakase, esa palabra japonesa que significa confiar o ponerte en las manos del chef. Cuando vas a un omakase, pruebas lo que el jefe de cocina considera: sus mejores y más frescos pescados y mariscos. No hay un menú, y no sabes qué nigiris o sashimis están por venir. Solo sabes que todo está hecho con cuidado, con amor y con la promesa de no romper ese vínculo de confianza entre el comensal y el cocinero. Tú confías en el chef y él o ella, a cambio, te sorprenden. Eso es lo que fuimos a probar a Kuren, la nueva barra de omakases, sake bar y restaurante de ramen en la Roma. Ir a Kuren es como entrar a un speakeasy –excepto por lo sangrón que tenían estos lugares cuando recién se pusieron de moda-. Para entrar, hay que bajar unas escaleras que te llevarán a la planta baja de una casa de la Roma. Primero te encontrarás con el sake bar y, al fondo, el omakase, en donde solo caben siete personas. Ahí, con los chefs Siete Sánchez y Raúl Castillo (Olímpica, Lou's Pizza) a cargo de la cocina, probamos un menú de siete tiempos acompañados con sake y cerveza mexicana hecha de arroz, hecha por los compas de Nami Sake. Empezamos el omakase con una ensalada de hojas verdes con un aderezo de yuzu, un cítrico parecido a la naranja, muy rico y aromático. Le seguimos con unos sashimis de toro (a.k.a. atún); nos sirvieron cortes de tres partes del atún, de la más magra a la más grasa; ¡es increíble cómo cambia el sabor! Luego le dimos a los nigiris: que si d

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  • 5 de 5 estrellas
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Luego de haber comido y bebido en muchos lugares (que las diosas me perdonen por esta vida de excesos) puedo decir, con absoluta seguridad, que muy pocos me han sorprendido tanto como Mux, un restaurante ubicado en la esquina de San Luis Potosí y Jalapa, en la siempre escandalosa colonia Roma. Cuando fui, me explicaron que la palabra mux viene del maya, y significa punto sagrado: esa consistencia que adquiere el maíz una vez que pasa por el metate. Luego, me dijeron que justo estaban por comenzar a moler el nixtamal en la cocina, y me invitaron a ver. Ahí, en la cocina, vi también varios frascos de vidrio con fermentos: kumbucha, kéfir, col y cebollas encurtidas y varios más. Y, sobre una de las mesas a un lado de la cocina, descansaba una copia de La Guía de la Fermentación de Noma, de René Redzepi y David Ziber. O sea que acá se toman a sus fermentos muy en serio. La onda de Mux es retomar recetas de varias comunidades de México y traerlas a la CDMX por temporadas. La encargada de la cocina es Diana López, que ha visitado muchas regiones del país y que conoce las recetas a través de la mejor fuente posible: las y los cocineros que las preparan. Por estos meses, la cocina de Mux estará basada en la cultura alimentaria de Lagos de Moreno, y después se rifarán con recetas de Ecatepec, de donde López es originaria. Por supuesto, y como la zona de Mux le exige, aquí han refinado o sofisticado algunos de los elementos: la decoración es sobria y elegante, toda en colores arena con

  • 4 de 5 estrellas
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Para los fieles amantes del brunch, buenas noticias: María Fortunata llegó a la Roma, y se vino con un refresh para deleitarlos con una nueva propuesta de menú que incluye una gran variedad de opciones tanto dulces como saladas, una increíble barra de chocolate de mesa 100% mexicano, y su ya conocida selección de deliciosos postres.  De inicio, la locación está preciosa. Por fuera, una fachada azul cielo que hace contraste con un juego de mesas blancas de jardín muy al estilo francés; al interior los recibirá una padrísima barra/vitrina que alberga todas las creaciones dulces que tanto se antojan, y que se complementa con un comodísimo gabinete en tonos rosas, una pared de espejo y una esquina con plantas colgantes que los invitará a tomarse su mejor selfie. Al fondo podrán ver la cocina abierta con una barra con bancos altos que será la mejor aliada para los comensales solitarios.  Lo padre es que en María Fortunata hay deliciosas alternativas para cualquier antojo y para cualquier hora del día: desde esponjosos hot cakes, los clásicos chilaquiles, healthy toasts, sandos, diferentes opciones con huevo o platillos monchosos como el grand slam (plato muy conocido en Tijuana, lleva dos huevos estrellados, tocino enmielado, papas y aguacate). Lo interesante del menú es que nunca estará estático; en María Fortunata aman tanto experimentar que prefieren no aburrirse ni aburrirnos, creando platillos conforme al antojo y a los ingredientes de temporada, así que les aconsejo que prue

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  • 4 de 5 estrellas
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Aún recuerdo que la primera vez que visité Helado Bonito, andaba dateando a un actual Voldermort (quedé, inserte emoji de payaso). La verdad es que todo el personal hizo que me luciera en esa cita; desde que entramos nos recibieron con mucha buena vibra y sonrisas, se sentía un ambiente de confianza, como si estuviéramos entre nuestros mejores amigos, y recuerdo que me encantó el mood rústico que da al lugar el enorme árbol al interior. Justo al estar frente a la vitrina de helados comenzó la parte divertida, entre risa y risa, fácil nos aventamos a probar el 90% de los deliciosos helados disponibles, parecíamos niños chiquitos en una feria. Lo padre es que al hacer el tasting utilizaron cucharitas de metal para reducir la generación de basura; fun fact: los únicos recipientes que utilizan para servir sus helados son crujientes conos y canastas comestibles, hechos con una masa artesanal vegana súper deli que, de desecharse, no hará daño al ambiente.  La carta de Helado Bonito es bastante extensa: empecemos con la especialidad de la casa, los gelatos, ya sea en su versión tradicional (con leche entera 100% de vaca), o la línea de helados veganos y sin azúcar (endulzados con fruta del monje, azúcar de coco o miel de agave). Aquí, la minuciosa selección de los ingredientes habla por sí sola. La consistencia de los helados es muy rica, son cremosos y no se derriten rápido.  Se nota que todos los productos son frescos y de calidad. La variedad de sabores se adapta a las temporalid

  • 4 de 5 estrellas
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Hay muchos platillos que rifan, y mucho. Definitivamente uno de ellos es la pizza: te apapacha, te cura el mal de amores, te levanta después de un mal día, te brinda una opción de una comida sana (sí, sana), deliciosa y práctica para cuando tienes prisa, sabe dividirse entre los amigos y siempre está invitada a la fiesta. Y para pizzas buenas están las de Doppiozero Pizza Romana. Se trata de un restaurante que, como su nombre lo dice, se arma pizzas romanas deliciosas. Este tipo de pizza se caracteriza por tener una masa delgada y con los bordes un poco más planos que la napolitana, y aquí, en Doppiozero, la hacen con masa madre, que fermenta entre 24 y 48 horas. El resultado del uso de la masa madre y los toppings que eligen para cada rebanada es una pizza más ligera, que te permite comer un poco más. Entre las opciones de toppings puedes encontrar los tradicionales como margarita o romana, con queso peccorino, aceitunas y albahaca, o la de salame italiano. También ofrecen algunas combinaciones novedosas, como la fiore di zucca, con pancetta y flor de calabaza. No dejes pasar la Patate, la tradicional italiana, que no suelen preparar en los restaurantes mexicanos; va con salchicha italiana hecha en casa y rebanadas de papa. Luego de varias visitas, puedo decirte que la Patate es imperdible, junto con la gorgonzola, que lleva el queso del mismo nombre, pera y nuez. Todas las pizzas se pueden pedir por rebanada o completas. Además de las extraordinarias pizzas, también tienen

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  • 4 de 5 estrellas
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  • precio 1 de 4

En Umi Café prevalecen dos ideas. La primera, que el café es para todos, y la segunda, que hay que privilegiar a los productos locales e independientes. Este café está ubicado dentro de la zapatería Mitu de la Roma, su barra es pequeña, y al interior hay apenas dos mesas, más otro par en el exterior. Definitivamente, su tamaño no es su mayor fortaleza —aunque eso no le impide ser cozy—; su punto fuerte, además del gran corazón detrás del proyecto, es el grano con el que preparan tus bebidas. Aquí tienen café de Veracruz y de Chiapas gracias a su colaboración con un proyecto que se llama Exploradores de Café, que se dedica a llevar el grano de pequeños productores a la CDMX. Con eso arman una taza perfecta. Puedes pedir café del día que, a diferencia de ciertas cadenas, es fresco y se hace en una cafetera pequeña cada media hora. En su menú también hay café americano, latte y flat white, además de mocha, tés con o sin leche y el súper instagrameable latte de taro. Si eres más nerd del café, pide algún método de extracción; aquí tienen kalita y clever. Yo probé el kalita y el resultado fue una taza súper aromática con notas florales y frutales, que tomé mientras el barista me explicaba cómo funciona el método de extracción que elegí. Ahora, retomando a la primera premisa de Umi, que indica que el café es para todos, hay que decir que si bien aquí son súper clavados del café y te pueden armar tu método de extracción con todo y ñoñez, también te otientan si te gusta el café pero

  • 4 de 5 estrellas
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  • Roma
  • precio 2 de 4

Imagínate esto: es una tarde soleada, tú estás en la Roma tomándote una chela, un vino natural o un coctel y esperando lo que vas a comer. De entrada ya te echaste unos edamames salteados con aceite de camarón, chile piquín y limón y unos shishitos, que son unos pimientos asiáticos, ligeramente picantes —según los asiáticos, pero si eres mexa seguramente no te van a picar—. Ahora sí, viene el mesero, tan amable que lo adivinas sonriente, aun debajo del cubrebocas. Trae para ti un crispy burro, que viene con camarón frito, coleslaw, pepinillos, papas a la francesa y el aderezo de tu preferencia. A lo mejor de habanero, para ese toque picosito. Primero te comes una papita, por supuesto. Está calientita, con la cantidad justa de sal y crujiente por fuera y suave por dentro. Y al fin llegó el momento de darle una mordida a tu burrito: cronch. El camarón está súper crujiente, cubierto de una capa generosa y rica de pan molido. La ensalada de col y los pepinillos, hechos en casa, le dan a tu plato la parte divertida y lúdica: estás en Crispy Fish. El concepto de Crispy Fish es sencillo y ganador: pescados y camarones fritos. Se antoja simple, pero aquí la clave del éxito es el empanizado. Rico, crujiente y generoso. Y lo puedes pedir en burrito, sándwich, en costra, solito o probar otra de las delicias de la casa: los mac and cheese con camarón. Y si prefieres evitar las proteínas animales, también tienen las opciones con berenjena frita, ¡todos ganamos! Además, la carta de tragos

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Izakaya Kura
  • 4 de 5 estrellas
  • Restaurantes
  • Japonesa
  • Roma
  • precio 2 de 4

En Japón, un izakaya es un lugar en donde puedes pedir comida y bebidas. Generalmente tienen mesas estilo occidental —es decir, las que nosotros usamos— y también salones privados con tatamis para que te sientes a comer en el piso. Normalmente, la onda de un izakaya es pedir al centro y compartir; así, los comensales pueden probar varias cosas. Y eso es Izakaya Kura, o Restaurante Kura, un lugar de cocina japonesa tradicional, pero con sus tropicalizaciones por aquí y por allá; una de ellas es que sí tienen los saloncitos privados, pero tienen mesas estilo occidental en vez de tatamis (si no estás acostumbrado a estar hincado en el piso, seguramente no podrás echarte una sobremesa larga; sobre todo si tienes más de 30 años). Cuando llegues a Kura, lo primero que te ofrecerán es un oshibori, una toallita caliente que sirve para limpiarte las manos. De ahí, te llevarán el menú. Como buen restaurante japonés, la carta es súper extensa, así que no dudes en pedir recomendaciones, aunque por mera curiosidad y para aumentar el bagaje cultural, sí te sugerimos que le des una leída. Aquí tienen una gran variedad de sashimis y sushis; son una súper opción para empezar y para que te des un quemón con la calidad y la frescura del pescado. Y si quieres dejarte consentir, pide el omakase de nigiris, en el que el chef te mandará un plato variadito con lo mejor del día. Si prefieres algo calientito, el imperdible es el ramen. Aquí tienen las opciones tradicionales de cerdo o camarón y tambié

  • 4 de 5 estrellas
  • Restaurantes
  • Roma

¡Sí se va a hacer la carnita asada! Y todo lo que necesitas para armarla, desde la carne hasta el carbón y el queso están en Picabuey. En esta pequeña tienda en la Condesa tienen salchichas artesanales, T-Bone, rib eye, cowboy steak, hamburguesas y muchos cortes más para satisfacer el antojo carnívoro que de repente nos ataca. La carne proviene del rancho de uno de los socios y fundadores del proyecto. Ahí usan técnicas ganaderas enfocadas a darles una mejor vida a los animales. Y las vacas felices no producen la adrenalina que secreta el ganado cuando se estresa; esto se traduce en una mejor calidad en la carne —por si necesitabas otro beneficio además de la vaquita feliz—. Pero si prefieres no comer carne, también tienen opciones veganas o vegetarianas. La onda de Picabuey es ayudarte para que puedas armar la carne asada con ingredientes de la mejor calidad. Ahí puedes comprar, por ejemplo, tu porción de cabrería, unas tortillas de harina, quesillo, salsa macha y, por supuesto, carbón. Solo tendrás que poner el asador y las chelas. Ahora, lo importante: la carne. La calidad se nota. Es suave, con el marmoleado que esperas en cada corte y con un sabor que sí recuerda a los sábados de carne asada que, con fortuna, quizá has vivido cuando visitas los estados del norte de nuestro país. Los complementos que venden también son una delicia; no te pierdas las salsas machas, tienen una opción menos picosa, por si no le entras al chile. Claro, ya que tienes una carne de súper calidad

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  • 3 de 5 estrellas
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El protagonista en JuanaJuana es el aguacate. En un cómic, esta fruta sería un superhéroe, ya que posee un sinfín de súper poderes para el cuerpo: ayuda a saciar el hambre por ser rico en fibra, funciona como antioxidante —lo que te ayudará a mantener la piel como pompi de bebe— y sirve como regulador de la glucosa por aquello de la diabetes, entre muchas propiedades más. Este fruto de pulpa verde y textura cremosa se puede combinar con infinidad de platillos y en Juana Juana lo demuestran. Cuando Juana Arias estaba en el proceso creativo para poner nombre a su restaurante pensó en una infinidad de opciones, todas relacionadas con el aguacate, pues se declara follower destacada de este producto tan importante en la industria agrícola de nuestro país. Juana quería que su carta estuviera montada con base en esta delicia. Así que no te extrañe encontrarla de manera recurrente, algunas veces de forma discreta en muchos de los platillos y en otros como ingrediente central. Ya sea para desayunar o almorzar, Juana Juana es una buena opción. Podrás probar unos huevos benedictinos montados sobre un pan brioche (hecho diariamente en su horno), aguacate y salsa holandesa o unos chilaquiles en salsa de tres chiles (piquín, chipotle y pasilla) con proteína a elegir entre cecina, pollo o huevo y guarnición de frijoles. Si llegas para el lunch, algo delicioso y saludable es un sándwich de pavo al horno con mayonesa hecha en casa o un bowl de atún fresco, mango, pepino y, por supuesto, aguac

  • 4 de 5 estrellas
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Cuando vayas a W Repostería no te dejes acaparar por la decoración —que es preciosa—, pero es que sus pasteles están tan ricos, que merecen toda tu atención. Y el aumentativo no escapricho, simplemente no hay otro modo de llamar a estas porciones que, más que ser anchas, son altas y, entre cada generosa capa de pan hay una, también consistente, pero no exagerada, capa de betún. Las recomendaciones son el pastel de zanahoria, que viene con muchos trocitos de nuez y una crema de queso muy rico y nada empalagosa; el de tres leches con frutos rojos, bañado con exactitud para que no pierda su esponjosidad y que va decorado con fresas y moras; y para los fans del chocolate, el Bruce —solo los fines de semana—. A estos pasteles de línea se suman las creaciones de temporada; en marzo fue el cheesecake de higo, el mes pasado uno de maracuyá y para junio no te pierdas el pastel dedicado al Pride. Por lo mismo, te sugerimos que no te claves con ningún sabor, porque seguro los cambiarán. Lo bueno es que así estamos 100% seguros de que los ingredientes que usan son los mejores y naturales. W Repostería, creada por la chef Denisse Wurts, no es solo para pasar por el pastel y salir corriendo. Aunque puedes hacerlo, estoy segura de que al menos querrás aventarte una rebanada ahí mismo, y es que el lugar tiene una decoración que invita a pasar horas ahí, disfrutando de los tonos cobres, el jazz de fondo y su bello letrero neón que dice una gran verdad de vida: “enjoy life eat cake”. Para que

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  • 4 de 5 estrellas
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Tal vez conoces a Mi compa Chava de sus días de dark kitchen. Quizá te quedaste con las ganas, porque todo se acababa tan pronto que jamás alcanzaste. Cualquiera que sea el caso, te tenemos buenas noticias: tu marisquero de confianza, Mi compa Chava (a.k.a. Salvador Orozco) acaba de abrir su restaurante en la Roma. Cuando llegué, me enamoraron tres cosas: el frasquito de chiles chiltepín que ponen en la mesa junto con su molino (así, sobre la mesa); la espectacular carta de bebidas y las playeras de los meseros que recuerdan a la cultura popular de Sinaloa (mi reino por una playera de Malverde, dicen que pronto estarán a la venta). En esa era de delivery, ya habíamos probado la Señora Torres, que sí le hace honor a su nombre, porque es una torre gigante de callo de hacha, camarón crudo y cocido, pulpo, atún aleta negra, cebolla, pepino, aguacate y su salsita marisquera de chile morita. Y aunque te la súper recomendamos, esta vez prefrimos probar otras opciones de su menú. Para empezar, la almeja chocolata que, según indica en la carta, fue buceada a 23mts de profundidad por Tito (un pescador), en la Bahía Magdalena de Baja California Sur. Venía con pico de gallo y un gotero con salsa marisquera, de esas que mezclan la Maggi con la Inglesa, para que tú controles la dosis de sabor extra. Le seguimos con un Chocomil; y no, nada tiene que ver con el chocolate en polvo. Se trata de un ceviche que viene con camarón cocido, caracol chino, callos de lobina y de hacha, salsa coctelera

  • 4 de 5 estrellas
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  • precio 3 de 4

¿Recuerdan cuando se pusieron de moda los speakeasies? Bueno, algo así es Makan, pero sin la exclusividad y el esnobismo de los speakeasies de hace algunos años (ya estamos en 2021, no sean así). Para entrar tienes que tocar el timbre de una casay, al entrar, te encontrarás con un jardín precioso lleno de plantitas y con una fuente al centro. Makan está al fondo; tiene un par de espacios privados por si quieres reservar para seis u ocho personas y algunas mesas para unas tres personas por si vas en un plan más íntimo. Resulta que el nombre del restaurante viene de una palabra makan, que se usa en Singapur para preguntar si ya comiste o para invitarte a comer algo. Y eso ya te da un indicio de lo que estás por probar. Resulta que los fundadores de Makan son Maryann, de Singapur, y Mario, un mexicano que vivió un tiempo en el país asiático. Y su propuesta culinaria tiene un poquito de ambos mundos, más tirándole a la cocina de Singapur pero con algunos guiños a la tradición mexa. Para beber tienen una oferta súper seleccionada y bien hechecita de vinos, casi todos naturales o de baja intervención; hay blanco, rosado, tinto y también naranja. Y el menú de alimentos, que cambia casi todos los días, igual está cuidadosamente seleccionado. De hecho, la carta es breve; eso facilita que cada platillo sea hecho con extremo cuidado. De entrada, las verduras encurtidas con sambal, ajonjolí y cacahuate son imperdibles. Y otra opción ganadora es la lechuga cocida con puré y chips de ajo;

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  • 4 de 5 estrellas
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  • precio 2 de 4

Cariñito Tacos es un puesto que tiene toda la esencia de una taquería habitual: es un lugar a donde comes parado, a pie de calle. Es pequeñito; en el mostrador cabrán, tal vez, unas dos personas. Y en el espacio que acondicionaron en la banqueta, con algunas barras altas, pueden acomodarse unos cuantos más —seguro en tiempos post pandémicos todos nos apretaremos en esas barras—. Pero, al mismo tiempo, Cariñito Tacos contagia una sensación de frescura y coolness. Su menú de tacos está conformado por cuatro opciones que puedes acompañar con una chelita, un Boing o un agua mineral. Pero la onda es que los tacos no son los de siempre; aquí acomodan las viandas, que han sido tratadas bajo técnicas de cocción de todo el mundo y mezcladas con especias y aderezos predominantemente asiáticos, en una tortilla de harina o maíz recién hechas. Una opción es el taco Issan: pork belly cocinado por 15 horas en soya aromática; va sobre una tortillita de maíz y sazonado con especias del noreste de Tailandia, polvo de arroz, chicharrón y menta fresca. También tienen el taco Thai: cerdo confitado en tortilla de maíz sazonado con salsa Jin Jaew hecha con tamarindo y albahaca. Acá entre nos, mi favorito de Cariñitos Tacos es el cantonés; pork belly súper crujiente montado en tortilla de harina, con salsa hoisin, siracha hecha en casa y encurtidos. Y si prefieres los vegetales, está el taco de berenjena Laos: berenjena confitada en soya servida con una salsa de tamarindo y con albahaca y chalotes f

  • 4 de 5 estrellas
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  • precio 1 de 4

Los habitantes de la Ciudad de los Palacios nos debemos a las garnachas. Las freímos, las ahogamos, las sofisticamos y luego volvemos al inicio, a lo que nos hace sentir bien: el saborcito del maíz, el toquecito de salsa, la sazón del relleno, la textura crujiente. Ningún capitalino se salva de salivar al pensar en sus tlacoyitos, gorditas o sopecitos (así, en diminutivo porque es con cariño). Y al acervo garnachero de nuestra capital se le acaba de sumar un nuevo bien: Fiu Fiu Flautería, un nuevo lugar de flautas ahogadas en la Roma. La onda de Fiu Fiu Flautería es súper sencilla, y por lo mismo es ganadora. Aquí solo hay flautas: de frijol con chorizo; calabaza con zanahoria; queso; papa; pollo o carne. La orden viene con tres flautas, fritas a la perfección, y, lo mejor: te las sirven en un vaso lleno de guacamole con crema y queso, ¡y qué guacamole!, receta secreta de la madre de uno de los fundadores. El resultado es una mezcla súper sexy: lo crujiente de las flautas, lo cremoso y ligeramente picoso del guacamole —hay otra salsa más picosa, que le puedes poner a discreción— y el generoso relleno. Además, en Fiu Fiu Flautería te obligan a comer rico: hay que hacerlo con las manos, chopear la flauta en el guacamole para obtener la cantidad precisa por mordida y, al final, rascar el fondo del vaso con los pedacitos de tortilla doradita para no desperdiciar nada de nada. Puedes acompañar tus flautas con un refresco, un agua o una caguamita Carta Blanca, sentarte en una de la

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Hay algo que no me parece correcto, y es comparar a la cocina con arte (haters: déjense caer. Aquí los espero). Pero lo que sí les puedo decir es que Migrante me recordó algo que ya tenía más que olvidado. La cocina no es arte, pero cuando está bien hecha, desde el concepto hasta la ejecución, sí comunica, y puede hacer afirmaciones tan sociales, humanas y conmovedoras como cualquier otra expresión cultural. El concepto de Migrante, concebido por Fernando Martínez Zavala, nació desde los últimos días de Yuban, donde Martínez era también jefe de cocina. Nos cuenta Fernando que en esos momentos se servían menús de degustación en donde había platos con recuerdos de otras latitudes, “eso me gustó”, dice el chef. “Yo acababa de regresar de Japón y también pude estar en Grecia. No puedes viajar, aprender y luego no poner en práctica lo aprendido, sería algo injusto tener herramientas y no usarlas.” explica. En Migrante, Fernando usa técnicas culinarias de todo el mundo. Y basta con echarle un ojo al menú para confirmarlo: baos asiáticos, churros mexicanos, laqueado japonés o confitado y braseado francés. Así comunica su concepto: todas las cocinas han recibido influencias de otras, y han aportado mucho también. No hay una cocina mexicana, hay varias, y todas las culturas alimentarias se deben a otras. Son hermanas y, sobre todo, migrantes (¿será una alusión a las migraciones humanas? eso se los dejo de tarea). A la propuesta culinaria se suma el diseño interior de Alejandra Medina,

  • 4 de 5 estrellas
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Ningún bar se compara con este: un bar de croissants. Sí, ese pan hecho con masa hojaldre, que es crujiente por fuera, suave por dentro y que se deshace a cada mordida. Pero acá no le llaman croissant, le llaman lolo.  La especialidad de la casa son los lolitos, croissants chiquitos que puedes pedir en su presentación natural —que ya en sí mismo es una hazaña técnica— o con diferentes toppings o rellenos: chocolate oscuro, matcha, oreo, chocolate blanco con frutos rojos, pay de limón, nutella y muchos más. Además, Aristóteles estaría orgulloso de los lolitos, porque ellos sí aplican el justo medio a sus vidas: la mitad del lolito está cubierta y la otra mitad no.  Cuando visites Lolo’s Croissant Bar, Nuestra recomendación es que primero te eches el clásico, solito, para que te des un quemón con la calidad de la masa y del trabajo de la panadera. Después éntrale a uno (o varios) con topping y relleno, para satisfacer el antojo. Pero si lo tuyo no es lo dulce prueba los lolitos salados, hay de jamón serrano, queso azul, roast beef, pollo o jamón de pavo. Mi favorito, ambrosía del infante y del godín, en desayuno y cena sin falla y sin comparación: el mollete. ¡Sí, lo preparansobre un croissant y es una delicia! Ahora, una cosa sí les voy a decir: hacer un croissant no es, como dicen por ahí, hacer enchiladas (aunque nunca he entendido este dicho, porque las enchiladas tienen su técnica). Esta masa es una de las más difíciles —si no es que la más— de todo el amplio mundo de la p

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  • 4 de 5 estrellas
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  • precio 2 de 4

La verdad es que hacer una buena pizza es una hazaña. Porque, además, hacerla es manifestar una postura: la pizza sí es sana, sí es rica, sí puede usar ingredientes de calidad y estar bien hecha. No es un producto exclusivo del fast food. En Lou’s Pizza esa postura se deja clara. El concepto es pizza estilo Nueva York; esa de masa fina y súper elástica, de hecho, la prueba de fuego para determinar si una pizza de este tipo rifa o no, es doblarla sin que se rompa. Este tipo de pizza se empezó a hacer, obviamente, en Nueva York, a inicios del siglo XX, y se convirtió en un ícono de la vibrante cuidad, que siempre ha requerido que su street food sea “para ir comiendo”. Les suena, supongo. La pizza estilo Nueva York es de un diámetro amplio, el topping clásico es de jitomate y mozzarella, pero pueden agregarse otros ingredientes, aunque nunca se atascan. Inspirados en esta delicia, que en tiempos prepandémicos hasta movía a las masas que viajaban a Nueva York solo para probar este alimento callejero, se creó Lou’s Pizza, que habita en el corazón de San Ángel. El menú es breve, pero eso significa que cada pizza está bien pensada; hay pepperoni, hawaiana, pepperoni spicy (la insignia de la casa, con unas rodajitas de chile), vegetariana, y hawaiana sin carne, que tiene piña y champiñón. ¿Las pizzas? ¡Uff! Todo lo que uno desearía de una rebanada de este estilo. La masa, que se deja reposar 50 horas, logra sostener a los nada codos toppings que vienen con tu pizza, y la calidad de t

  • 4 de 5 estrellas
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Para que no los conocen, aquí les va: los gaspachos morelianos (así, con s), son el monchi callejero por excelencia. Se trata de un coctel de frutas que tiene mango, jícama y piña picados súper finitos y que se acompañan con queso Cotija y con chile en polvo. Esta delicia ya tiene su representante en la CDMX, se trata de Amamba Gaspacheros, un localito encantador en la Roma en donde María José —moreliana, obvio—, se arma los gaspachos tradicionales y también sus propias propuestas como el verde, que tiene como base jugo verde o, para los que prefieren algo más dulce, el apapacho, que tiene como base leche de coco. Sobra decir que los gaspachos son una de-li-cia, pero el proyecto se vuelve más conmovedor cuando conoces la historia de los platos de cerámica, que son hechos por Laura González, ceramista y madre de María José, y las kombuchas Neo Río, (la de jamaica con frambuesa es imperdible) hechas por Cristóbal, el hermano de Majo. Este es un proyecto 100% moreliano, familiar e imprescindible. No te pierdas la oportunidad de probar esta delicia: la comida callejera peinada, hecha despacio y con amor. Te recomendamos: Mi Compa Chava

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